Reportaje
Padre e hijo comparten patrulla en Pamplona: "Me tocó la lotería el día que mi hijo aprobó la oposición"
La noche del sábado patrullaron en Pamplona por primera vez juntos José Luis Jiménez, policía nacional desde hace más de dos décadas y su hijo, de 21 años y en prácticas. Ambos charlaron sobre su oficio y el debate generado en torno a él


Publicado el 19/10/2026 a las 05:00
La noche se presenta fría y una fina llovizna cae sobre la comisaría de la Policía Nacional en Beloso, Pamplona. Apunta a un turno de fin de semana, de esos habituales en esta época con algo de jaleo fuera de bares y discotecas. Pero esta noche tiene algo especial. “Ahí tienes una foto conmigo cuando tenías dos años”, le dice José Luis Jiménez Guinaldo, agente de la Policía , a su hijo mientras señala una de las paredes de la comisaría.
Diecinueve años después, padre e hijo vuelven a posar juntos para una fotografía en el mismo escenario, aunque esta vez con una diferencia significativa: ambos visten de uniforme. A sus 21 años, el joven navarro se encuentra realizando prácticas en el cuerpo tras conseguir una plaza en las oposiciones y está a punto de vivir una experiencia poco habitual: patrullar por primera vez junto a su padre.
“Veía llegar a mi padre todos los días feliz a casa porque hacía un buen trabajo y era policía por algo. Ahora lo estoy viviendo, supone mucho orgullo y lo estoy comprobando”, cuenta el joven, que ha seguido los pasos de su padre. Por el momento, prefiere mantener el anonimato. Asegura que esta etapa le está permitiendo conocer de primera mano lo que significa el servicio al ciudadano y enfrentarse a situaciones de todo tipo, algunas de ellas, como él mismo reconoce, incómodas.
Al escuchar a su hijo, José Luis, más conocido como Guinaldo, echa la vista dos décadas atrás y recuerda los motivos que lo llevaron a ingresar en la Policía. “Me siento muy reflejado con lo que dice. Esto tampoco quiere decir que todos los policías se metan a policía porque somos muy buenos o altruistas. Evidentemente, también buscamos una profesión y sacar adelante a nuestras familias”, reflexiona. “Pero hay un componente que se ve en todos los compañeros cuando nos levantamos y es ese punto de servicio, de ayudar de alguna manera”, añade. Según explica, la mayoría de sus intervenciones concluyen de forma positiva, aunque reconoce que hay momentos difíciles.
“A veces tocan trabajos complicados y desagradables, como una detención o cuando tienes que usar la fuerza mínima, que no disfrutas nada, pero tienes que hacerlo porque es tu trabajo”, señala el padre, ahora también compañero de profesión de su hijo, antes de salir a patrullar.
“Estaba acostumbrado a verlo de uniforme, pero verlo trabajando a las mismas horas choca mucho”, dice el hijo entre risas. “A mí me encanta llegar aquí y verle. Los compañeros, que ya me conocen, se ríen y me dicen: ‘ay... la babita’”, suelta una carcajada Guinaldo, que califica esta situación como “un regalo” para él. “Estoy disfrutando este año que está de prácticas porque luego le tocará irse de Navarra”, añade este policía originario de Castilla y León, que ha desarrollado parte de su trayectoria profesional en otros destinos.
EMPEZAR EN 2003 VS EMPEZAR EN 2026
La entrevista se desarrolla en un contexto de elevada tensión en las calles francesas y con los recientes disturbios del jueves en Pamplona todavía, donde la Policía Nacional y la Policía Foral tuvieron que emplearse a fondo. Aunque la violencia pueda evocar tiempos pasados, el hijo recuerda que su padre ingresó en el cuerpo en un clima mucho más tenso.
“Te encuentras con gente que te mira mal o dirige mal la palabra, pero siempre he llegado a casa sabiendo que lo hemos hecho lo mejor posible con los ciudadanos”, dice el hijo, que lleva tres meses. “Mi primer día fue mucho más tranquilo que el de mi padre porque he tenido la suerte de nacer en una época en la que la Policía Nacional puede ser más o menos querida, pero no hay una banda terrorista”, asegura, antes de ceder la palabra a su padre.
“Se vive con tanta intensidad que me acuerdo perfectamente”, recuerda. “En el hotel Bahía de la playa del Postiguet, en Alicante, uno de los Troitiño colocó una maleta bomba y me acuerdo de cada momento”, asegura. “Eran sobre las doce del mediodía y sonó un petardazo. Pudo ser una masacre”, añade.
Al comparar lo que suponía convertirse en policía en 2003 con lo que implica hacerlo en 2026, padre e hijo señalan una diferencia especialmente significativa: las relaciones sociales. “Mi padre cuando llegó solo podía relacionarse con compañeros. Yo sin embargo puedo decir bien orgulloso a qué me dedico”, asegura el hijo.
Por su parte, el padre destaca y celebra la cercanía que la Policía ha ido ganando con los años en Navarra. “Antes no organizábamos nada en el exterior y ahora sí”, apunta, al tiempo que explica que uno de los mayores retos a los que se enfrentan es estar a la altura de la institución a la que pertenecen. “Cada fallo nuestro va a repercutir y, para mí, es una carga muy importante”, sentencia.
La noche avanza entre intervenciones y conversaciones que alternan lo profesional con lo familiar. Para José Luis Jiménez Guinaldo, esta vez tiene esta vez un significado distinto. A su lado va su hijo de 21 años. Diecinueve años separan aquella fotografía en la comisaría de Beloso, en la que un niño posaba junto a su padre policía, de la que se han hecho esta noche.