Ciclismo

El incombustible de Olloki

A sus 77 años, Alfredo Blasco Amátriain, ciclista navarro mantiene su cita diaria con la bicicleta. Fue campeón de España en Duatlón y carretera y protagonizó un reportaje en Diario de Navarra en 1993. Tres décadas después, la pasión sigue intacta, esta vez de Olloki a Erro

Alfredo Blasco, ciclista navarro que fue campeón de España en Duatlón y carretera en 1993
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Alfredo Blasco, ciclista navarro que fue campeón de España en Duatlón y carretera en 1993MIGUEL OSES
Alfredo Blasco, ciclista navarro que fue campeón de España en Duatlón y carretera en 1993

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Laura Rojas

Publicado el 19/10/2026 a las 05:00

Hay quien a los 77 años mira la carretera y piensa en lo lejos que queda el siguiente pueblo. Alfredo Blasco Amátriain, natural de Pamplona y de 77 años la mira y piensa en por dónde tirar. Y es que si hay algo que define al ciclista navarro es que no puede quedarse quieto. Si hace buen día, coge la bicicleta y sale desde Olloki hacia Erro, Artesiaga o Eugui. Ya no busca hacer el mejor tiempo ni llegar antes que nadie. Ahora lleva una bicicleta eléctrica y disfruta de las cuestas. 

Pero la afición que empezó casi por casualidad cuando tenía 33 años, continúa ahí. “Llevo un año y pico que no he parado, porque yo no puedo parar. Tengo que estar haciendo algo, haciendo deporte”, cuenta. Hace tiempo que dejó atrás las carreras, los entrenamientos exigentes y aquella mentalidad con la que salía a competir pensando únicamente en ganar. Hoy se lo toma de otra manera. “Ahora es como un hobby. Además me pongo la eléctrica y voy a mi ritmo. Y hago deporte, que es lo que a mí me gusta”. 

La bicicleta eléctrica no le ha quitado las ganas de pedalear. Al contrario. Llegó a ella cuando empezó a notar que las cuestas se le hacían más duras y decidió que no tenía sentido sufrir por sufrir. “Veía que lo que andaba antes ya no podía hacerlo, sufría sobre todo por las cuestas, así que no tengo por qué sufrir. Y entonces cogí y le puse eléctrica y ahora no he parado”. Una solución sencilla para alguien que no concibe pasar los días sin actividad.

Desde Olloki tiene todo a mano. No necesita cruzar Pamplona ni meterse entre coches y rotondas. Prefiere las carreteras conocidas, los pueblos del valle y decidir sobre la marcha hasta dónde llegar. “Un día voy a Artesiaga, aunque la carretera está un poco mal. Pues voy. Que voy a Erro, que me voy hasta Burguete. Tienes aquí un montón de cosas”, cuenta. A veces hace recorridos largos; otras, menos. “Me he aburrido siempre de hacer muchos kilómetros”, reconoce, aunque sigue sumando distancias importantes. “Ayer, por ejemplo, hice 67 y para mí me vale, porque voy todos los días o casi todos los días”. 

La diferencia con el Alfredo de las carreras está en la cabeza. Antes, la bicicleta tenía un objetivo muy concreto: ganar. Ahora puede detenerse a mirar el paisaje y disfrutar de una ruta que, cuando competía, apenas habría podido contemplar. 

LOS PRIMEROS KILÓMETROS

Lo curioso es que Alfredo no fue un niño que soñara con ser ciclista. Su historia comenzó a los 33 años, cuando un compañero le propuso salir a dar una vuelta. En casa tenían una bicicleta vieja de su hermano y decidió probar. Aquella primera salida le bastó para saber que quería repetir. “Yo no tenía ninguna afición por el ciclismo”, recuerda. “Un compañero que aún anda me dijo: Oye, ¿por qué no cogemos una bici y nos damos una vuelta?”. La vuelta acabó siendo de 45 kilómetros. Eso sí, no fue suficiente. “Cogí y dije :“Vamos mañana también y a comprarme una enseguida”. Y desde entonces la bicicleta se convirtió en su compañera de vida. Así empezó una afición que pronto dejó de ser un paseo ocasional. 

En apenas unos años ya se atrevía con carreras populares y recorridos exigentes. A los 36 se metió en la categoría de aficionados especiales. Su primera gran señal llegó en Calatayud, donde terminó tercero de España. “Solo iba a probar y al final salió bien”.  

UNA VIDA DEDICADA AL CICLISMO

A partir de ahí siguió compitiendo durante cerca de veinte años. Alfredo trabajaba y aprovechaba el tiempo libre para entrenar y desplazarse a las pruebas. La bicicleta no era su profesión, pero sí una parte esencial de su vida. “Yo salía con un objetivo y era solo ganar”, resume. No salía a dar una vuelta como hace ahora. Salía a entrenar, a medirse con los demás y a intentar llegar el primero. Su palmarés fue creciendo. Fue Campeón de España en Duatlón y carretera en 1993. Una modalidad que en aquel entonces era novedosa y donde Alfredo dejó su huella. “Qué más quisiera yo que me confundan con Induráin”, dijo hace 33 años a este periódico donde se le dedicó un reportaje bajo el titular: “El Induráin de los veteranos”. En ese tiempo, Blasco hacía referencia al poder de las competiciones: “No voy a dejar de competir pero tiene un veneno que te va agarrando”. 

Un vicio que hizo que participara en cientos de carreras , aunque si le toca quedarse con una, lo tiene claro: un circuito de Zaragoza, que a simple vista parecía normal, acabó convirtiéndose en la carretera de la mala suerte. “Pinché tres veces”, recuerda. Cada vez que conseguía recuperar terreno, un nuevo contratiempo parecía nuevamente. Hasta que se quedó sin más opciones. O eso parecía. “Ya no había ruedas. Había un chavalito con una bicicleta. Y yo, que me daba igual, le digo: “Chaval, toma, cámbiame la bicicleta”. El joven accedió y Alfredo volvió a la carrera con la bicicleta prestada. La remontada no terminó con la victoria, pero sí con un segundo puesto.

A sus 77 años, ya no busca ganar, sino disfrutar. Alfredo sigue teniendo una bicicleta a mano y un montón de rutas por delante. No se plantea el ciclismo como una obligación, sino como algo que lleva toda la vida haciéndole feliz.“Me ha dado muchas alegrías.”, dice cuando se le pregunta qué ha significado el deporte.

DNI
​Alfredo Blasco es un ciclista navarro que nació el 21 de marzo de 1949 en Pamplona. La primera vez que cogió una bici fue con 33 años mientras trabajaba en un taller mecánico. Su afición terminó convirtiéndose en una gran trayectoria. “El Induráin de los veteranos”, le llamaron tras ser Campeón de España en Duatlón y carretera en 1993. Hoy, a sus 77 años sigue andando en bici, especialmente conoce de memoria el recorrido Olloki-Erro.

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