Opinión
"Una pareja llamó a su hijo Hitler Mussolini, y hoy es alcalde de Queropalca, un pequeño pueblo perdido en los Andes peruanos"

Publicado el 19/10/2026 a las 05:00
Cuando Lucía Bosé llegó a España y oyó a una señora llamar “sufrido” a un color, se echó las manos a la cabeza. Hija, pues no es tan raro, si tenemos en cuenta que, en este país, el sufrimiento también se lleva en el nombre de pila. Sobre todo, nosotras: ahí están Dolores, Angustias, Soledad o Martirio. A este santoral de males, hoy habría que añadir una nueva advocación: Ansiedad.
A veces, el destino tiene un sentido del humor tan retorcido que le planta cara al registro civil. Se puede llamar León un hombre pusilánime; Piedad, una niña que se entretiene quitándoles las patas a las moscas; Felicidad, una mujer desgraciada; o Liberto, un tipo que vive esclavizado por su trabajo. Sin ir más lejos, conocí a un Benigno que era más malo que la quina.
Eso sin contar con que hay padres que, desde la cuna, deciden complicarles la vida a sus vástagos. Una pareja llamó a su hijo Hitler Mussolini, y hoy es alcalde de Queropalca, un pequeño pueblo perdido en los Andes peruanos. Lo curioso es que, afiliado como estaba a Fuerza Popular, el partido de derechas de Keiko Fujimori, en 2026 cambió de bando para concurrir a las elecciones por un partido de centroizquierda. Y ganó.
Hay que reconocerle el mérito de llevar a cuestas la maldición de su nombre para acabar haciendo algo tan poco compatible con él. Los nombres pueden convertirse en una condena o en una ironía del destino: después de que Gabriel Rufián, el arcángel que anunciaba el milagro de la unión de la izquierda acogiéndola bajo sus alas, regresara volando a su cielo catalán, Frente Amplio parece empeñado en desmentir su propio nombre antes de echar a andar. ¿No hay nadie ahí que se llame María de la Concordia?