Opinión
"A Anne Carson, la llamada del Nobel le pilló en la cocina"
"Admito que solo la conozco de oídas, es decir, de leídas al tuntún"

Publicado el 12/10/2026 a las 05:00
A Anne Carson, la llamada del Nobel le pilló en la cocina. Se le puso cara de susto, como si hubiera descubierto que se le estaba quemando el sofrito. A ciertas edades, las únicas noticias que recibes son malas. Hasta ganar el máximo galardón de las letras tiene su reverso: “Vaya lío”, debió de pensar, pero en inglés. No me extraña. De repente, un follón de fotógrafos y periodistas para una mujer que es menos ajetreada en la vida que en la literatura, esa atalaya desde la que observa su mundo, que viene a ser el mío. Lo sé porque, de vez en cuando, me veo escrita en alguna poesía suya con la que me topo por ahí. Por internet, vaya, ese sitio donde comienzo buscando un parche para el orzuelo y acabo dándome de bruces con un texto lleno de emoción salvaje y de humor amargo que me corroe las entrañas y me deja una frase ardiendo en la cabeza.
Los caminos de la poesía, que son inescrutables. Me gusta que sean así, que esos saltos en código binario me lleven, una mañana cualquiera, a unas palabras imprevistas que me rescaten del desastre. Escribo lo anterior en un intento de justificar el hecho de no tener ni un libro de Carson. Admito que solo la conozco de oídas, es decir, de leídas al tuntún. Sí tengo de Philip Roth, que pasó todos los principios de octubre sentado en la oficina de su agente aguardando una llamada que nunca llegó. Inexplicablemente, también tengo alguno de Murakami. Ahí sigue, a la espera. Es más probable que reciba antes el telefonazo de Pablo Motos preguntándole “¿Sabe usted qué es lo que quiero?”. No sé si Carson quería el Nobel, pero ya es suyo. “Aquí tenéis mi consejo, / aguantad. / Aguantad la belleza”, escribió. Aguanta la belleza, Anne.