Opinión
"De repente, autores que no parecen haber salido del cemento, miran a la Naturaleza y nos cuentan sus experiencias, aunque no sepan distinguir un mirlo de una urraca"

Publicado el 20/09/2026 a las 05:00
La Naturaleza (así, con mayúscula) se ha convertido en mercado, refugio, reacción, pasatiempo y objeto político. Debemos a los románticos del siglo XVIII haber aprendido a apreciar las montañas, las tormentas o el mar como algo hermoso. Hasta entonces, los viajeros que cruzaban parajes montañosos, cerraban las cortinillas para evitar el horror de las cumbres, de los bosques o la visión de un páramo azotado bajo una tormenta.
Occidente descubrió muy tarde que la Naturaleza podía ser hermosa, algo que Oriente había apreciado hacía miles de años. Más vale tarde que nunca. Proliferan los libros sobre el campo y de esa cursilería llamada “baños de bosque”. De repente, autores que no parecen haber salido del cemento, miran a la Naturaleza y nos cuentan sus experiencias, aunque no sepan distinguir un mirlo de una urraca.
Al tiempo, se propaga una visión Disney de los animales. En esta ocasión, evitaré el tema de los animales de compañía, y de los perros en particular, pues siempre hay alguien que en la creencia de que el mundo es su ombligo, se da por aludido.
Cualquiera que haya pasado horas en el monte sabe que la Naturaleza es tan hermosa como indiferente. Los términos morales no caben en el acto natural de que un oso despedace a un jabato, pongamos por caso. Pero nos empeñamos en humanizarlos, de modo que no comprendemos nada de la naturaleza animal, precisamente el área que compartimos con ellos más de lo que nos gustaría.
Estos días he estado leyendo a un autor magnífico, el escocés Robert McFarlane. Aventurero, erudito, alpinista y caminante infatigable, recomiendo dos lecturas: 'Las montañas de la mente' (Mondadori) y 'Las sendas viejas' (Pre-Textos). El primero es muy recomendable para cualquier aficionado a la montaña; el segundo, para caminantes, ahora llamados senderistas. Aúna una escritura eficaz y ratos muy bella, con una amplia gama de conocimientos que amplían la mente del lector. No mirarán una montaña o una senda del mismo modo tras haber leído a este gran conocedor de la Naturaleza.