Opinión
"En los últimos Sanfermines se secó la mía y murieron los brotes de las primeras flores, pero la regamos con aquel resacón del 15 de julio"

Publicado el 16/09/2026 a las 19:00
Las plantas de casa se resisten a aceptar la llegada del otoño, cómplice del invierno, y aguantan más que Sánchez en Moncloa. En la gran ciudad se ha levantado un viento como de las primeras cazadoras y del platanero frente a casa. Caen las primeras hojas en una danza melancólica para convertirse automáticamente en materia muerta que solo da trabajo a los barrenderos y a los poetas. La albahaca resiste al acortamiento de los días, que pronto empezará a secar sus troncos.
Son plantas alegres, sencillas, como esos tipos que silban por la calle, ajenas a los turrones que esperan agazapados en los almacenes de las grandes superficies, con su carga de días cortos e ideas que sugieren como cada año por estas fechas instalar una chimenea para sentarse a leer. Pronto se enfriarán los pies que no se calentarán hasta la novillada del 5 de julio, pero las plantas viven en un presente de clorofila ausentes de su propia finitud.
Una flor es una flor en la medida en la que parece para siempre y no lo es. Las únicas flores que duran son las flores muertas, las flores secas que acumulan polvo y remiten a un tiempo que ya no existe, desastrado, marchito, desaparecido. Un ramo de flores secas es un museo en cambio, la flor viva, sobre todo la flor que nació en primavera, permanece en la insolencia de la que solo son capaces los que se atreven a desafiar al tiempo.
De entre todas las plantas heroicas del verano me quedo con la dama de noche que, antes de recibir las primeras heladas, tiene tiempo para algunos brotes que se disparan en ramas larguísimas, desaforadas. Mantener una dama de noche en Madrid significa librar una batalla contra los elementos. Implica poner a salvo un concepto de verano contra todas las cosas. En los últimos Sanfermines se secó la mía y murieron los brotes de las primeras flores, pero la regamos con aquel resacón del 15 de julio y ahora ha aparecido una docena de florecillas que se abrirán cualquier noche de estas y nos recordarán, con su aroma de anochecida, sutil y fugaz como todo lo elegante, que volverá, algún día, la primavera.