Opinión

Dimitir es un nombre ruso

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Álvaro Bañón

Actualizado el 15/09/2026 a las 20:12

Los más jóvenes probablemente no lo sepan, pero hubo un tiempo en España en el que los políticos dimitían. Sí, dimitían. Y no siempre porque les hubieran pillado llevándose una bolsa de billetes a casa. Dimitían por responsabilidad política. Antoni Asunción, ministro del Interior del PSOE, dimitió en 1994 porque Luis Roldán se escapó mientras estaba siendo vigilado. Asunción no le ayudó a escapar, evidentemente. Pero era el ministro del Interior y entendió que aquello era responsabilidad suya. Un año después dimitieron Narcís Serra y el ministro de Defensa, García Vargas, por el escándalo de las escuchas del CESID.

Y también dimitían los del PP. Manuel Pimentel dejó el Ministerio de Trabajo en 2000 por un escándalo relacionado con uno de sus subordinados. Explicó que uno debía asumir la responsabilidad política por lo que hacían sus colaboradores. Incluso uno, Ruiz Gallardón, dimitió porque no fue capaz de sacar adelante una ley en el Parlamento. Sí, sí, en 2014.

Qué cosas se decían entonces. Claro que entonces estos que dimitían tenían a donde irse, pensarán ustedes. Y ahora…pues eso.

Ahora también se dice mucho eso de “asumo mi responsabilidad”. La diferencia es que no significa absolutamente nada. “Asumo toda la responsabilidad”. Estupendo. ¿Y ahora qué? Nada. Asumir la responsabilidad es coger tus cosas, meterlas en una caja, irte y esperar que el que venga detrás lo haga mejor.

Hemos sufrido en muy poco tiempo acontecimientos gravísimos. Sin ánimo de ser exhaustivo: un apagón general hace más de un año que dejó durante horas a España paralizada y con un coste de 1.600 millones de euros. ¿Ha dimitido alguien? Un accidente ferroviario con 46 muertos causado por el pésimo mantenimiento de la vía y un sistema ferroviario instalado en el caos. Sistema que era, hasta hace poco, la envidia internacional. ¿Ha dimitido alguien? Y ahora Ceuta, donde una entrada masiva de decenas de miles de personas, con 141 muertos, con los pobres ceutíes secuestrados en sus casas, los supermercados militarizados, los colegios blindados y con más de 10.000 personas vagando por las calles… ¿Ha dimitido alguien? ¿No existe responsabilidad política por nada?

Porque hemos conseguido algo extraordinario: separar completamente responsabilidad de consecuencia.

“Asumo mi responsabilidad” significa ahora “reconozco que esto dependía de mí, pero pienso seguir exactamente en el mismo despacho, con el mismo coche oficial y cobrando el mismo sueldo”.

Y luego existe otra especie política que casi me irrita más. El ministro discrepante. El que pone cara de circunstancias. El que deja caer que aquello no le ha gustado. El que quizá no aplaude al presidente. El que filtra que está “muy preocupado”. Mira Margarita (por ponerle nombre) o aplaudes o te vas. Pero a estas alturas no te hagas la digna. Lo demás es postureo.

Y hemos llegado al extremo de que el delegado del Gobierno en Ceuta, después de reconocer que la ciudad seguía “muy lejos de la normalidad”, descartó dimitir porque hacerlo sería, según él, “una absoluta irresponsabilidad y cobardía”.

Maravilloso. Antes dimitir era asumir la responsabilidad. Ahora, por lo visto, asumirla consiste precisamente en no dimitir. Hemos cerrado el círculo. Así que cuando escuchen a algún responsable político decir solemnemente que “asume toda la responsabilidad”, no se preocupen. No va a pasar absolutamente nada. Dimitir debe de ser un nombre ruso.

Álvaro Bañón Irujo es economista.

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