Opinión
Septiembre achicharra un curso político imprevisible
Los socialistas saben que el viento electoral gira a la derecha pero confían que en Navarra el vendaval no vire a huracán capaz de cambiar mayorías


Publicado el 06/09/2026 a las 05:00
El mes de septiembre ha llegado achicharrado a su primer fin de semana. Y no sólo por los casi 40 grados bajo el sol. También porque la subida de la cesta de la compra, de las gasolinas y del euríbor es lo primero que se han encontrado los ciudadanos al ponerse a hacer las cuentas familiares del nuevo curso. Ese que también representa volver a las rutinas para los 111.000 estudiantes navarros de Infantil a Bachiller y FP, con sus gastos a cuestas.
El regreso tras las vacaciones llega también abrasado en el mundo político. El colapso de Ceuta tras la invasión de miles de personas desde Marruecos hace más de un mes está muy lejos de encauzarse y constituye ya hoy un gigantesco agujero negro en la gestión de Pedro Sánchez.
El presidente se ha quedado absolutamente sólo en el Congreso defendiendo su gestión (sus socios lo han dejado tirado), con un Ejecutivo dividido internamente y una opinión pública atónita y muy cabreada por su negativa a aceptar lo evidente:que Marruecos ha estado detrás y que hay intereses estratégicos y políticos del país vecino escondidos en el estallido. Así, con este ambiente, se inicia un curso súper electoral con tres citas diferentes para elegir de nuevo al Gobierno de España, al de Navarra y a todos los alcaldes. Casi nada.
La temperatura política. Lo que el presidente no ha querido aceptar en todo el mes (la mano de Marruecos en la crisis) ha quedado en evidencia en un sólo día. Un exhaustivo y demoledor informe de la propia Policía Nacional lo dejaba muy claro. Y lo que son evidencias difusas sin comprobar para el presidente, para miles de sus compatriotas constituye un clamor. Sólo así se entiende la de miles de personas que salieron a las calles en toda España el miércoles para apoyar a Ceuta. Incluidas multitudinarias concentraciones en Pamplona y en Tudela, además de en otras muchas localidades. El tamaño de la movilizaciones habla a las claras de el rechazo que la crisis de Ceuta. De que ha calado a fondo. Y eso ocurre muy pocas veces y sólo con los temas nucleares, los que ponen y quitan gobiernos. Este puede ser el cisne negro del Gobierno de Sánchez.
Por eso la calle debiera preocupar muy mucho al Ejecutivo y al PSOE. Porque representa la crítica a la incapacidad de Sánchez de defender la soberanía nacional. Y eran miles de personas normales, no extremistas. Cierto, había también grupúsculos ultras con comportamientos deleznables como los insultos e intimidación a los periodistas de TVE. Totalmente rechazables. Pero no pueden ser una cortina de humo para ocultar la realidad de fondo. Una plaza del ayuntamiento repleta de ciudadanos conmocionados e indignados por la convulsión de Ceuta, en la otra punta de España. Indicativo de como sube la temperatura política también en la calle.
Curso electoral definitivo. Coincide con el inicio de un curso político puramente electoral, lo que alborota todavía más el gallinero de la política. Y eso que ya viene revolucionado de fábrica en Navarra en esta Legislatura caótica, dinamitada por los presuntos escándalos de corrupción del PSOE y sus ramificaciones locales con Santos Cerdán de gran protagonista.
María Chivite se ha pasado desde entonces sacudiéndose la omnipresente huella de Cerdán en su pasado político e intentando esquivar las sospechas sobre las obras de Belate convertidas en un culebrón plagado de irregularidades y ahora objeto de una investigación de la UCO, la unidad especializada de la Guardia Civil . A Chivite, además, le toca driblar las incoherencias que sus socios variopintos (de Geroa Bai a Bildu) le piden para seguir en el poder.
Vendaval o huracán. A pesar de todo, opta a la reelección para intentar reeditar el bloque de Gobierno sobre la que descansa su presidencia. Los socialistas saben que el viento político nacional (y europeo) sopla hacia la derecha con fuerza, pero piensan que es muy difícil que en Navarra el vendaval sea capaz de virar a un huracán que cambie las mayorías. Y es cierto.
Con lo contrario es con lo que sueña Cristina Ibarrola (UPN) que ve un “cambio de ciclo” ya en marcha, por la insostenible posición en que quedaría un PSN sobrepasado por Bildu en las urnas del mes de mayo y una derrota de Sánchez en las generales. Es muy difícil agrietar la mayoría. Pero la realidad es que en política nada está escrito en piedra. Va a ser un curso largo, de final incierto y donde las grandes sorpresas son lo único que no está descartado.