Opinión
La pseudodemocracia navarra
"La falta de pluralismo político no solo impide la libertad de elección, sino la necesaria fiscalización de los gobernantes, con los riesgos que ello conlleva"

Publicado el 01/08/2026 a las 05:00
La Constitución española consagra el pluralismo político como uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico, junto con la libertad, la justicia o la igualdad. Dicho pluralismo se vehicula a través de los partidos políticos que contribuyen a conformar la voluntad popular manifestada en los distintos procesos electorales. La libertad de expresión y de información garantizan, a su vez, la formación de una opinión libre. Hagamos un diagnóstico de todo ello en Navarra. De los 44 municipios españoles en los que tuvieron que repetirse las pasadas elecciones locales por falta de candidaturas, 38 eran navarros. Los sociólogos achacan este fenómeno a la despoblación, la ausencia de relevo generacional y la desmovilización institucional. Sin ayuntamiento no hay presupuestos, lo cual dificulta la obtención de subvenciones, además de la toma de otras importantes decisiones.
A ello se añade otro problema, todavía mayor: según la vigente Ley Foral de Administración Local, los concejos en los que no se presenten candidaturas en dos procesos electorales sucesivos, caso de Narbarte, Anchóriz, Azanza, Igal, Iturgoyen, Ardanaz de Izagaondoa, Navascués, Olaiz y Bearin, entran en vías de extinción. No es la única anormalidad. En 51 pueblos concurrió una sola lista electoral. Muchas de ellas son agrupaciones independientes creadas para que las pequeñas localidades puedan seguir funcionando. Pero hay otra realidad bastante más preocupante: diez mil electores únicamente pudieron votar a Bildu, coalición que, además de no condenar el terrorismo, representa la mayor amenaza para nuestro autogobierno y nuestro progreso. El miedo y la presión de los abertzales impidieron que otros partidos presentaran listas en localidades cuya ciudadanía es plural, como lo acreditan los resultados de las elecciones al Parlamento foral. Hablamos de Araitz, Arakil, Arbizu, Basaburua, Etxauri, Goizueta, Imoz, Ituren, Lakuntza, Larraun, Odieta, Sunbilla, Ultzama, Urdiain, Abaurrea Alta, Aoiz, Romanzado y Mendigorría.
Llama poderosamente la atención el caso de Aoiz, municipio del que fue alcalde el regionalista Javier Esparza. En los pasados comicios autonómicos hubo más votos a los restantes partidos (655) que a Bildu (529), a pesar de lo cual ninguno de ellos se atrevió a presentar una lista alternativa a la de los abertzales. La mayoría de estos pueblos está en las zonas más hostiles al constitucionalismo, como la Barranca, que recuerdan cada vez más a la China de partido único que instauró Mao Tse-tung. Nadie osa enfrentarse al mundo batasuno porque, aunque la izquierda abertzale ya no mata, sigue amargando la vida a sus adversarios. Ahí están las amenazas al portavoz de UPN en Leitza; los puñetazos al presidente de la peña Mutilzarra y a Enrique Maya; los crónicos incidentes en la calle Curia el 7 de julio; el acoso a la alcaldesa de Estella; la violencia desatada con ocasión de la ‘no visita’ de Vito Quiles a Pamplona, avalada por Laura Aznal; el enaltecimiento del terrorismo en las fiestas patronales; los ataques a la exhibión de banderas rojigualdas en la plaza de la Navarrería, o, más recientemente, en el coso pamplonés ante la escandalosa inacción de la Policía Foral; la salvaje agresión a militares en Berriozar; la vandalización de comercios ‘españoles’… y un sinfín de conductas delictivas crónicas a cuyos autores los jueces castigan, a lo sumo, sin postre.
Sorprende la ‘espantá’ de Geroa Bai en esta zona altamente proclive al nacionalismo vasco. En Etxarri Aranatz, por ejemplo, si traspusiéramos los resultados de las elecciones al Parlamento Foral, podrían obtener entre 3 y 4 concejales. Pero a GB no le gusta picar piedra; solo le interesan aquellos cargos de relumbrón en los que se trabaja poco y se cobra mucho. La presidencia del Parlamento, por ejemplo. El PSN amagó con no renovar en este puesto a Unai Hualde tras la debacle de los nacionalistas en las últimas elecciones. Los ‘geroas’ se revolvieron como panteras hasta que los socialistas capitularon. Uxue Barkos fue designada senadora autonómica, ganando así en los despachos el escaño que las urnas le negaron. Poco se sabe de su actividad en ese cementerio de elefantes que es la Cámara Alta, salvo su llamativa ausencia en la comparecencia de Antxon Alonso, de indudable interés para Navarra, quizás para que no afloraran las vinculaciones del presunto comisionista con la empresa de su marido. La falta de pluralismo político no solo impide la libertad de elección, sino la necesaria fiscalización de los gobernantes, con los riesgos que ello conlleva.
Así las cosas, ¿gozamos en Navarra de una democracia plena? Pues claramente, no. Solo la alcanzaremos cuando podamos votar en libertad y recorrer toda la geografía foral vistiendo cualquier camiseta u ondeando cualquier bandera sin temor a ser amenazados o agredidos por ello. Y recuerden que los verdaderos culpables de esta pseudodemocracia no son tanto los abertzales, intolerantes por naturaleza, como unos socialistas que, traicionando a las víctimas, han blanqueado a los proetarras abriéndoles las puertas de nuestras instituciones, anteponiendo su interés personal y partidista al bien común. Y sus votantes, claro.
Manuel Sarobe. Notario