Punto de vista

Lecciones del Mundial

Seguramente no todos hayan cumplido sus expectativas individuales, pero el triunfo final ha dado la razón a Luis de la Fuente: “No éramos la mejor selección, pero sí el mejor equipo”

Miles de personas llenaron la Plaza del Castillo y estallaron de alegría tras el triunfo final de España ante Argentina
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Miles de personas llenaron la plaza del Castillo y estallaron de alegría tras el triunfo final de España ante ArgentinaMIGUEL OSéS
Miles de personas llenaron la Plaza del Castillo y estallaron de alegría tras el triunfo final de España ante Argentina

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Nacho Calvo

Publicado el 25/07/2026 a las 19:00

El triunfo de la selección española en el Mundial de fútbol ha supuesto una inmensa alegría para millones de personas. Se vuelve a demostrar que las pasiones que provoca el fútbol no son comparables a ninguna otra. El deporte rey sirve de pegamento para unir a los diferentes en torno a unos colores y una bandera. Así es, salvo en aquellos lugares donde el nacionalismo aún se retuerce al ver que hay una mayoría que disfruta con las victorias de España.

DE LA FUENTE, LA NORMALIDAD

Al frente del exitoso proyecto está un hombre tranquilo, un hombre normal, un hombre alejado del estrellato al que muchos ya quisieron ‘matar’ nada más nombrarlo sustituto de Luis Enrique tras el fracaso del anterior Mundial. Y lo intentaron precisamente por eso: por ser poco conocido para el gran público y por no haber entrenado a ningún equipo grande. ¡Como si por debajo de los focos no hubiera gente válida!

Sin embargo, el riojano de Haro tiró hacia adelante con sus principios de trabajo, constancia y sentido común. A falta de grandes estrellas mundiales, fue haciendo un equipo de jugadores implicados para la causa y donde la prioridad no fueran ellos (las individualidades) sino el bien común.

Lo ha conseguido. ¡Vaya que si lo ha conseguido! Ha logrado que 26 jugadores, cada uno con su personalidad, de equipos diferentes y de sensibilidades variadas asumieran el rol para que el triunfo fuera coral y no individual. Seguramente no todos hayan cumplido sus expectativas individuales, pero el triunfo final ha dado la razón a Luis de la Fuente: “No éramos la mejor selección, pero sí el mejor equipo”.

MERINO, PARA SACAR PECHO

Y de entre todos ellos, los navarros hemos sacado pecho con uno de nuestros representantes: Mikel Merino. Ejemplo de la filosofía de esta selección, resultó clave con dos intervenciones estelares para que España lograra la segunda estrella en el pecho. Pocos minutos pero muy bien aprovechados.

Un futbolista hecho en la cantera de Osasuna que muy joven tuvo que iniciar un camino no siempre sencillo: marcharse de su casa a la Bundesliga alemana (Borussia Dortmund), a la Premier inglesa (Newcastle), vuelta a la Liga española (Real Sociedad) y regreso a la Premier inglesa (Arsenal). Desde la discreción y el trabajo ha superado todos los obstáculos que se ha encontrado. El último, la lesión que casi le deja sin Mundial. Sin reclamar nada, aprovechó las oportunidades que le dio Luis de la Fuente para acabar convirtiéndose en uno de los jugadores más queridos del país.

FIESTA EN LA CALLE...

Ellos fueron los protagonistas y el resto fuimos los disfrutones de sus victorias. La máxima expresión del disfrute fue la final. Una ocasión que sirvió para que miles de personas se lanzaran a la calle en Navarra con sus camisetas de la selección y banderas para ver en pantallas gigantes el España-Argentina. Sucedió así en Pamplona, en Tudela, en Estella, en Sarriguren o en Corella. Y lo mismo ocurrió en cientos de bares, sociedades y peñas de toda la Comunidad foral.

Pero lamentablemente, esta fiesta general se vio perturbada por una minoría resentida, y aún cargada de odio, que no digiere que la mayoría disfrute con los éxitos de la selección española. Aún hay quien para quitar hierro al asunto de las coacciones y las agresiones alardea de que la cosa ha mejorado porque hace años nadie se hubiera atrevido a pasear por las calles de Pamplona con la camiseta o la bandera de España.

...ODIO CON CAPUCHA

Eso no es ningún consuelo. Es lamentable que se ataque a un grupo de ciudadanos que ven el partido en un bar en Berriozar. Que se intente reventar la pantalla gigante instalada en Bilbao al margen del ayuntamiento del PNV. Que se agreda a gente que iba por la calle en diferentes ciudades vascas mientras se reclamaba la oficialidad de la selección de Euskadi. Que se vandalice el mural de homenaje a Ferrán Torres en Barcelona… Y cómo no, los protagonistas de muchas de estas heroicidades iban encapuchados.

Por desgracia, aún quedan brasas del pasado, aunque algunos grupos no lo quieran reconocer. Hasta que no se apaguen por completo tampoco habrá normalidad plena. El riesgo del incendio sigue ahí.

Los políticos. y los partidos a los que representan, tienen la responsabilidad de hacer todo lo posible por apagar estas brasas amenazantes. Si aplicaran la máxima de Luis de la Fuente y de sus jugadores, buscarían el éxito conjunto (la convivencia plena) por encima de las individualidades (sus votos). Que el Parlamento de Navarra fuera incapaz de aprobar una moción de condena por el ataque de Berriozar refleja que aún queda bastante por hacer.

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