Opinión
Inmigración necesaria
"Gestionamos la inmigración desde una lógica reactiva y asistencial cuando deberíamos hacerlo desde una lógica estratégica"

Publicado el 22/07/2026 a las 05:00
La inmigración es un fenómeno continuo en la historia de la humanidad. Desde siempre, las sociedades establecidas han convivido con personas que llegan y personas que se marchan. Y también siempre ha ocurrido lo mismo: la distinción entre quienes son de los nuestros y quienes vienen de fuera, los estereotipos negativos, los miedos ante los distintos, las culpabilizaciones... Como receptores o como migrantes. Porque, igual que otros pueblos, que otras personas, miles de navarros y españoles han abandonado -y abandonan- su tierra buscando oportunidades; como muchos de nuestros jóvenes cualificados salen hoy hacia Madrid, Londres o Dubái, atraídos por mejores salarios y carreras profesionales más atractivas. Son de los nuestros, pero migrantes donde van. El mundo es inmigración y Navarra necesita la inmigración. Y probablemente más de lo que pensamos. No hay razones ideológicas, sino demográficas y económicas. Nuestra comunidad cuenta con una de las esperanzas de vida más altas de Europa, una natalidad de las más bajas, situada en torno a 1,2 hijos por mujer, y una población cada vez más envejecida: hoy ya fallecen más españoles de los que nacen, y numerosos municipios navarros se encuentran en riesgo de despoblación.
La realidad es tozuda. Con las actuales tasas de fecundidad, España y Navarra perderían población de manera acelerada sin inmigración. El catedrático Jesús Javier Sánchez Barricarte recordaba recientemente en Pamplona, en un encuentro organizado por CoCiudadana e Institución Futuro que, para mantener estable la población, Navarra necesitaría un saldo migratorio positivo de unas 3.500 personas al año. Sostener nuestra población, actividad económica y relevo generacional precisa de la inmigración. Los datos muestran además que ya desempeña un papel relevante. La población extranjera representa aproximadamente el 13% de los habitantes de Navarra, el 14,4% de las personas ocupadas y cerca del 40% del crecimiento reciente del empleo ha correspondido a trabajadores inmigrantes. Y sólo hay que abrir los ojos para constatar que su presencia es ya estructural en sectores como hostelería, construcción, agricultura, logística, cuidados y determinados servicios. Las recientes previsiones del INE confirman que en quince años la población navarra crecerá un 9,2%, hasta los 753.000 habitantes aproximadamente, y que un tercio de la misma será de origen extranjero.
Conviene recordar que Navarra es una economía industrial, exportadora y tecnológicamente avanzada. Más del 30% de nuestro PIB procede de la industria. Nuestras empresas demandan soldadores especializados, ingenieros, técnicos industriales, sanitarios, investigadores y profesionales tecnológicos. Por ello, además de mano de obra, necesitamos atraer y retener talento. No nos vale cualquier modelo migratorio, ni se trata de distinguir entre inmigración “buena” o “mala”. La cuestión decisiva es cómo se integra y cómo contribuye a construir una Navarra mejor. La integración sigue siendo nuestra asignatura pendiente. La tasa de paro entre la población inmigrante continúa siendo significativamente superior a la de los nacionales y diversos análisis apuntan a diferencias que llegan a triplicarla. Sin hablar de la economía sumergida por cultura o por “no tener papeles”. Esto refleja las dificultades de inserción laboral y una elevada concentración en empleos de baja cualificación y productividad. Una inmigración integrada en empleos estables y productivos fortalece la economía, amplía la base fiscal y favorece la cohesión social. Y no sólo eso: es humana y ética, la que queremos, la que construye sociedad.
Por el contrario, una inmigración atrapada en la precariedad y la dependencia termina en exclusión, deshumaniza y genera tensiones para ella misma y para la sociedad de acogida. Como los nuestros cuando salen, quienes vienen quieren trabajar y prosperar. Y es aquí donde aparece una de las principales debilidades del modelo español. Nuestro país ha desarrollado una política migratoria relativamente flexible, con amplias vías de regularización (siete con gobiernos de derechas o de izquierdas) y acceso a servicios públicos. Sin embargo, continúa presentando importantes disfunciones que dificultan esa integración: burocracia excesiva, lentitud administrativa, requisitos contraproducentes, dificultades para homologar títulos, escasa vinculación entre inmigración y necesidades reales del mercado laboral y una limitada estrategia de atracción de talento cualificado. Gestionamos la inmigración desde una lógica reactiva y asistencial cuando deberíamos hacerlo desde una lógica estratégica. Aún más, la integración tampoco debe reducirse sólo al empleo. Afecta a la educación, la vivienda, el aprendizaje del idioma, la convivencia y la participación cívica.
Una sociedad cohesionada no se construye únicamente compartiendo territorio, sino compartiendo oportunidades, normas y un proyecto común. La evidencia disponible, presentada por Sánchez Barricarte, muestra que muchas de las narrativas alarmistas -esos miedos que decíamos antes- sobre invasión migratoria, destrucción de empleo o colapso generalizado de los servicios públicos carecen de respaldo empírico sólido. Es así, con datos, no con bulos. Pero también demuestra que la integración no se produce por sí sola y que requiere políticas activas, exigencia recíproca y capacidad institucional. Navarra, con competencias limitadas en esta materia, necesita una estrategia proactiva de inmigración. Una estrategia que acoja, integre y oriente. Que facilite el aprendizaje del idioma, la inserción laboral y la participación social. Que atraiga el talento que necesitamos. Que combine derechos con deberes, justicia con solidaridad. Y que entienda que la inmigración no es solo una cuestión asistencial, sino una política económica, demográfica y de cohesión social. Difícil pero necesario. De ello dependerá convertir la inmigración en una fuente de prosperidad, cohesión y fortalecimiento social. Y no sólo eso, sino que también dependerá el tipo de sociedad y de Navarra que construiremos en las próximas décadas.
José Ramón Lacosta. Presidente del think tank Institución Futuro.