Opinión

Sopa de pollo para el alma

"¿Qué etiqueta quiero? ¿Concuerda con mis valores? ¿Encaja mi auto-concepto con la imagen que los demás tienen de mí?

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Javier Otazu

Publicado el 12/07/2026 a las 05:00

Había una vez un autor de libros de autoayuda que deseaba recopilar relatos inspiradores en un libro que iba a denominar “101 historias bonitas”. Desconozco si la idea fue del editor o del escritor, pero dándole vueltas al asunto decidió cambiar el título y denominar la obra “sopa de pollo para el alma”. Las ventas se multiplicaron hasta lograr un clásico. Todo por un título. ¿Se nos ocurre algún título que sirva para resumir nuestra vida? O todavía mejor, vamos a usar el camino contrario: ¿qué actividades podemos realizar para lograr un título que merezca la pena? Es un tema muy personal que conlleva una reflexión profunda y delicada. Requisito previo: ¿qué no deberíamos hacer bajo ninguna circunstancia? En otras palabras, ¿cómo evitar arrepentimientos en el futuro? Algunas opciones las conocemos: dedicar menos tiempo a las pantallas, no dejarse llevar por el qué dirán y la aprobación de los demás o no vivir flotando como las boyas del mar. 

El caudal tan inmenso de información que recibimos cada día obliga al cerebro a realizar un proceso de filtrado constante. Eso pasa por adjuntar un título o etiqueta a una persona, animal, lugar o cosa. Es la denominada falacia de la composición: si alguien es muy bueno jugando al fútbol, lo consideramos muy bueno en el resto de características de su vida. Eso nos lleva a la peor de las simplificaciones, consistentes en catalogar a las personas como “buenas” o “malas”. Es un error, ya que un buen compañero de trabajo puede ser un mal amigo, un gran padre y un pésimo marido. Todo va en el mismo saco; por eso se deben juzgar comportamientos concretos, no personas. Sin embargo, la simplificación del cerebro funciona de otra forma. Las empresas lo saben, como podemos comprobar con diversos ejemplos. Lo hace muy bien Coca Cola cuando se autodenomina “la chispa de la vida”. Si se definiera como “el refresco gaseoso de la vida” sus ventas se hundirían. Es lo que realizaron las empresas de diamantes (aunque ahora este mercado se encuentra en regresión) cuando crearon el slogan “un diamante es para siempre”. 

Es la razón por la que nos cuesta comprar tecnología realizada en países a los que no asignamos ese atributo. Se valora muy bien este asunto en el sector del motor: los coches chinos entran lentamente en el mercado al asociarse a bajo valor añadido, aunque esa imagen, especialmente en el los automóviles eléctricos, está cambiando. Su cuota de mercado es ya considerable. Bienvenidos al mundo de la política. ¿Es correcto etiquetar a los partidos entre derechas e izquierdas? ¿En qué se diferencian? Los primeros priorizan la eficiencia o crecimiento, aunque eso suponga un reparto de la tarta más desequilibrado. En consecuencia, les parece más útil bajar impuestos; así se creará más riqueza. Los segundos priorizan la equidad para evitar clases sociales muy ricas y muy pobres. En consecuencia, les parece más útil subir impuestos, así la redistribución será más justa. Hasta ahí, la teoría. En la práctica, hasta hace poco, los partidos se adaptaban al ciclo económico: crecimiento, toca ahorrar; recesión, toca gastar. Ya lo dijo el ex-presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero: “bajar impuestos es de izquierdas”. 

En la actualidad y de manera genérica en Europa se tienden a subir los impuestos por una mera cuestión de influencia y poder. Además, la expansión del Estado del Bienestar ha hecho que los votantes pidan exigencias irrealizables a los gobiernos. Eso les lleva a cumplir como se puede hoy y mañana ya veremos. En otras palabras, más deuda. En resumen, unos y otros aplican políticas de izquierda. Sea de una manera u otra, cada partido busca un título que le permita ser identificado por la mayor parte de la población: palabras como “libertad”, “progresismo”, “justicia” o “igualdad” se usan de manera constante aunque no tengan contenido práctico alguno. Las empresas también lo hacen: una asociación mental del tipo “salud”, “seguridad”, “identidad”, “tranquilidad” o “eficacia” sirve para aumentar de manera práctica las ventas. Caso extremo: Donald Trump con el slogan “Soy tu venganza”. Cliente objetivo: el cerebro profundo de cada persona. Estas líneas pretenden reflexionar acerca de las etiquetas que tendemos a usar en nuestra vida cotidiana. ¿Son ciertas? ¿Son adecuadas? ¿Nos las han metido de forma inconsciente? ¿Se adaptan a la realidad? Profundizando todavía más: ¿qué etiqueta quiero? ¿Concuerda con mis valores? ¿Encaja mi auto-concepto con la imagen que los demás tienen de mí? Si respondemos estas preguntas con autocrítica y sinceridad podremos ver la realidad de otra manera. Así comprendemos cómo muchas veces el título que otros se ponen o nos asignan no encaja con nuestra percepción. En muchas ocasiones no vemos el mundo como es, lo vemos como somos o como nos sentimos. Funcionamos con narrativas. Relato mata a dato. Eso nos proporciona un super-poder: la capacidad de transformarlas internamente y de crearlas externamente. Una estructura narrativa eficiente es sopa de pollo para el alma. 

Javier Otazu Ojer. Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

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