Opinión

Cuando la Roja se cruza con Merino y San Fermín

"Lo de Mikel Merino es ya sociológico, conversación ciudadana, la emoción de cuando esperas una llamada de alivio después de un encierro"

España consiguió el pase a la semifinal del Mundial 2026 tras derrotar a Bélgica en cuartos por 2-1 con goles de Fabián y Mikel Merino
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España consiguió el pase a la semifinal del Mundial 2026 tras derrotar a Bélgica en cuartos por 2-1 con goles de Fabián y Mikel MerinoEFE
España consiguió el pase a la semifinal del Mundial 2026 tras derrotar a Bélgica en cuartos por 2-1 con goles de Fabián y Mikel Merino

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Gabriel Asenjo

Actualizado el 11/07/2026 a las 09:47

Lo de Mikel Merino es ya sociológico, conversación ciudadana, la emoción de cuando esperas una llamada de alivio después de un encierro. Y es que, en cierto modo, el fútbol y San Fermín son como nuestros patios de felicidad de la infancia. una memoria emocional de placer, de situaciones que nos hacen sentir bien, donde siguen habitando las emociones porque suceden momentos extraordinarios como los goles sanfermineros de un navarro. Para muchos, Sanfermines y fútbol son color, vibración, sentimiento, devociones y vía de escape. En definitiva, palpitaciones de vida capaces de tejer sistemas de comunicación emocional incluso entre individuos que no se conocen.

Observamos que fútbol y San Fermín, actúan como ejercicio vicario para una comunidad. Como un sentir de todos a la vez, aunque en el caso de un Mundial de fútbol hablamos de una afectividad hacia jóvenes millonarios que nos conmueven no porque salven vidas, descubran patentes, contribuyan a mejorar el medio ambiente o la eliminación de la miseria.

Pero fútbol y Sanfermines conducen a emociones que van más allá de la extrema tensión que provoca la duda sobre un resultado deportivo o sobre la incógnita de una carrera en Santo Domingo ante un animal que te puede perforar un pulmón. Me refiero a esos estados de emotividad colectiva, de orgullo nacional, que señala Gustave Le Bon ante una gran victoria deportiva que, para los estudiosos de la psicología de multitudes, nos apela de lleno al corazón, no a la razón, hasta el punto que suben la bolsa, las relacciones sexuales y, paradójicamente, la alegría y la violencia urbana.

Y saben los políticos que crear pasiones y emociones es como asfaltar una autopista para dominar grupos sociales. Por eso me da la impresión que cuando coinciden los Sanfermines con la pasión que puede provocar el fútbol de la selección española, a una parte de nuestra jerarquía municipal, experta en fomentar las diferencias por encima de lo que une a la gente, se les hacen bola que la demostración de diversidad que transmite España cale en las calles. Porque una selección, como la mayoría de equipos deportivos, exhibe conductas muy alejadas de la praxis política: su juego no es excluyente, es colaborativo, integrador, solidario entre jugadores distintos en origen, color, religión, credo político, y demuestran que la suma de diferentes resulta más productiva para la sociedad y nos hace más fuertes que el culto al etnocentrismo. Al fin y al cabo, en política se actúa como en un encierro, en modo tarjeta roja: codazos por ganar la posición, quítate tú para ponerme yo, como cuando varios corredores se empeñan en pisar en el mismo adoquín.

También es evidente que en las redes sociales a muchos se les atraganta que en deporte se valore al ser humano por su capacidad, no por su origen; y así podríamos explicar que una senadora paraguaya insulte a Mbappé por su color, o las peticiones en las redes por la “conversión” de Lamine Yamal cuestionando su catalanidad y españolidad, o la escena reciente de unos adolescentes increpando a dos sanfermineras con la nueva camiseta blanca de España y pañuelo rojo.

Pese a todo, me atrevería a señalar, que se observa más verdad y deportividad en un campo de fútbol que en el universo de la política, pese dopajes, compraventa de partidos, violencia, oportunismo mafioso, racismo en las gradas, holliganismo, machismo, patrioterismo o la presión de un presidente de Estados Unidos.

Si me debo quedar con algo antes del Francia-España  serían dos imágenes: la del grito de Viva San Fermín de Mikel Merino con pañuelo rojo al cuello ante miles de testigos que se ha colado para siempre en la memoria del deporte navarro como una celebración de la vida. Y, en segundo lugar, con el momento inesperado en el que el seleccionador nacional español cita en rueda de prensa a Marco Aurelio recordando que “lo que es malo para el panal es malo para la abeja”, cuando propone pensar ante todo en modo equipo “lo que nos va muy bien porque tenemos buenas personas” subraya. Algo que molesta los que nos quieren acostumbrar a las trincheras ideológicas.

Gabriel Asenjo, Doctor en Ciencias de la Información

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