Opinión

Sánchez, entre el muro y la resiliencia

"Exagerar los mensajes y recurrir al mantra de la ultraderecha no tapa una legislatura muerta y en la que apenas han podido llevar a cabo iniciativa alguna por su propia incapacidad política"

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Editorial DN

Publicado el 02/07/2026 a las 05:00

España lleva tiempo siendo un país en el que las iniciativas políticas han dejado de ser objeto de debate para pasar a ser argumentos arrojadizos entre los dos principales partidos, PSOE y PP. Ahora que el volumen del ruido y la polarización crece, es conveniente recordar aquellas palabras que pronunció el presidente Sánchez durante el debate de investidura, y que dibujaban bien a las claras cuál iba a ser el camino por el que se iba a conducir su Ejecutivo y los socios que lo apoyan. En aquella ocasión, ya acusó al PP de bendecir a la ultraderecha, hasta el punto de presentar al Gobierno que luego sería investido en aquel noviembre de 2023 como un “muro” frente a la agenda reaccionaria que a su juicio representan las “derechas retrógradas” de Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Con estos mimbres, y lo que ha llovido desde entonces en forma de los presuntos casos de corrupción que han ido acechando y acechan al PSOE, no es de extrañar que el discurso se haya ido endureciendo por la parte socialista. 

Como si exagerar los mensajes pudiese ayudar a tapar una legislatura muerta y en la que apenas han podido llevar a cabo iniciativa alguna por su propia incapacidad política. Ayer, el ministro Bolaños, a cuenta de las críticas del PP a la llamada “ley de nietos”, señaló que las críticas de la oposición responden a una “técnica ultraderechista”, que, afirmó, utilizó Trump en 2020 y que consiste en sembrar dudas sobre el proceso electoral. Desde la atalaya del Gobierno, Sánchez y sus ministros salen en tromba buscando ganar la batalla del relato. A ver si de esa manera pueden tapar su nefasta planificación, una más, con una regularización de inmigrantes que duplica las previsiones iniciales que maneja el Ejecutivo y con las dudas del Supremo. Este, como ocurre con la Vivienda, la Educación o la Sanidad, es uno de esos retos estructurales que afronta el país y que exige amplios consensos y altura política. Una realidad muy alejada en nuestro país, con un presidente empeñado en levantar muros que le mantengan en el poder.

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