Opinión

Navarra envejece, ¿qué hacemos?

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Gemma Botín

Publicado el 13/05/2026 a las 05:00

Más del 21% de la población navarra es mayor de 60 años, y en apenas una década, este porcentaje crecerá hasta casi duplicarse. Vamos a vivir más años y, en general, lo haremos en mejores condiciones de salud que generaciones anteriores. Pensar ya en el “cómo lo haremos” y aplicar soluciones en diferentes ámbitos de nuestra vida se vuelve en este momento una necesidad más que una tendencia.

En Fundación Caja Navarra hemos investigado estos cambios con dos objetivos claros: comprender los principales retos de esta etapa vital y poner en marcha diferentes soluciones para abordar esta nueva realidad y también la de los próximos diez años.

Estas soluciones parten de la premisa de no enfocar este momento vital como una etapa final; estamos hablando de una etapa larga -entre 20 y 30 años- que tendrá implicaciones evidentes en los sistemas de cuidados, en la cohesión social, en la economía y en el propio proyecto colectivo de Navarra. Las generaciones de la llamada “nueva longevidad” vamos a ser las más formadas e independientes de la historia, con trayectorias laborales extensas y una clara inquietud por seguir siendo activas. Esto significa que Navarra cuenta con una parte muy relevante de su población que concentra talento, conocimiento, experiencia y compromiso social. Lejos de ser una carga, esta realidad constituye una oportunidad estratégica para el desarrollo social y comunitario del territorio.

Ahora bien, junto a estas oportunidades, emergen retos ineludibles que requieren una mirada colectiva y, sobre todo, respuestas decididas.

El primero es el reto de los cuidados. Aumenta la longevidad, pero también los problemas crónicos al final de esta etapa y cada vez más personas llegarán a edades avanzadas sin una red familiar cercana que pueda sostenerlas. A ello se suma un factor estructural que no puede obviarse: el descenso de la natalidad, que reduce la disponibilidad de apoyos familiares y tensiona los sistemas existentes. Los modelos tradicionales de cuidado muestran claros límites. Es imprescindible avanzar hacia nuevas fórmulas que combinen atención profesional, enfoque comunitario, prevención y apoyo emocional, y que lo hagan de forma sostenible. Los cuidados ya no pueden entenderse únicamente como un asunto privado o familiar: son una responsabilidad social compartida que requerirá el compromiso por parte de la ciudadanía.

El segundo reto tiene que ver con reconocer y activar el talento sénior y el compromiso de las personas mayores con el bien común. Muchas personas desean seguir contribuyendo, ya sea a través del voluntariado, la mentoría, la participación en proyectos comunitarios o iniciativas sociales. Debemos facilitar canales que ayuden a prepararse para esta ilusionante etapa y propuestas de proyectos de interés para dicha contribución. Esto no solo mejorará su desarrollo o bienestar, sino que fortalecerá la cohesión y el capital social de Navarra. Ya no se concibe la longevidad sin una contribución al bien común.

El tercer reto es el de las relaciones y su reverso más oscuro: la soledad. La transformación de los modelos familiares, las rupturas, la dispersión geográfica o la pérdida de vínculos hacen que muchas personas envejezcan solas, incluso estando rodeadas de gente. La soledad no es solo una cuestión emocional: tiene efectos directos sobre la salud física y mental y agrava situaciones de fragilidad. Reforzar redes relacionales, generar espacios de encuentro y pertenencia y pensar comunidades más cuidadoras será también una prioridad social.

El cuarto reto es el desafío intergeneracional. La longevidad interpela directamente a la convivencia entre generaciones y a la cohesión social. Se trata de construir soluciones compartidas, alianzas entre jóvenes, personas adultas y personas mayores, donde se compartan aprendizajes, responsabilidades y cuidados.

Una sociedad que no cuida sus vínculos intergeneracionales es una sociedad más frágil. Debemos tener en cuenta esta perspectiva en la creación de propuestas a corto y medio plazo. Durante demasiado tiempo, hemos mirado a la vejez sólo desde el “debe”: como coste, dependencia o problema. Es momento de cambiar el enfoque y reconocerla también como un “haber” colectivo: avanzar hacia un compromiso comunitario real. Un compromiso en el que cada persona, cada organización y cada institución entendamos nuestro papel en la construcción de soluciones. Lo relevante es que no partimos de cero. Estos retos están estudiados, analizados y mapeados. Sabemos qué ámbitos requieren actuación y qué tipo de respuestas pueden funcionar. El verdadero desafío es pasar del diagnóstico a la acción, asumiendo que este no es un reto que pueda resolver un solo actor. En Fundación Caja Navarra ya estamos buscando respuestas a este desafío para impulsar un marco de colaboración público-privada y social como única vía ante un reto de esta magnitud. Tenemos una oportunidad histórica para redefinir cómo queremos afrontar el reto de la nueva longevidad en Navarra y tenemos que hacerlo juntos.

Gemma Botín. Subdirectora general de proyectos e innovación de Fundación Caja Navarra.

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