Editorial
Un tacticismo irresponsable
El temor ante la expansión de un nuevo virus nos vuelve a mostrar la cara más decepcionante de nuestros representantes políticos

Publicado el 09/05/2026 a las 05:00
Las recientes informaciones acerca de una ola de contagios provocadas por un nuevo virus debieran poner en precaución -que no innecesario alarmismo- a la población. Con todo, el único virus que de momento debe preocupar a los españoles es el virus de la política del fango. Si estamos lejos de vivir una pandemia por el hantavirus, ya se cuentan varios portavoces políticos entre los contagiados por este otro. En apenas una semana ha habido más acusaciones cruzadas, solicitudes de dimisión y frases fuera de tono que lo que es tónica general en la política en el espacio de un mes.
De momento, la voluntad de cooperar políticamente para la gestión de un problema de interés general para los ciudadanos ha quedado aparcada ante la emergencia de cuestiones menores, como el tacticismo irresponsable o el posicionamiento electoral (en plena campaña de las elecciones andaluzas). El Gobierno insiste en que “no hay ninguna situación de contagio”. A la vez, ofrece pocas explicaciones y hace, en su habitual fea costumbre, oposición a la oposición.
Por su parte, el PP acusa al Gobierno de generar “inseguridad” a los españoles. El líder de Vox asegura que el Ejecutivo oculta información y siembra el pánico ante los ciudadanos señalando que esta crisis sanitaria recae nuevamente en un presidente -Pedro Sánchez- que “no tiene ningún escrúpulo”. Entretanto, la ministra de Sanidad, Mónica García, acusa a ambos de difundir bulos y asegura que ofrecerá todas las explicaciones necesarias durante su comparecencia en el Congreso para rendir cuentas por su gestión del hantavirus.
Por lo pronto, el PP ya pide su dimisión y vuelve a reclamar, como hizo en 2020, la creación de una Agencia Estatal de Salud Pública para centralizar la gestión de las emergencias sanitarias a nivel nacional. Sin duda, los políticos nos preparan para lo peor: para volver a palpar la decepcionante talla política de nuestros representantes en los momentos en que más se necesita que aparquen sus diferencias y nos muestren su mejor cara. Si quería lecciones aprendidas, la ciudadanía ya puede ir a buscarlas a otra parte.