Opinión
Las nuevas longevidades

Publicado el 06/05/2026 a las 05:00
Sí, longevidades, porque hay tantas como personas que superamos los 75 años y miramos la próxima década, e incluso la siguiente, con un cierto optimismo. Al igual que se insiste la necesidad de preparase para la jubilación, parece pertinente que hablemos de un entrenamiento para ser longevo, dando vida a los años.
En épocas pasadas, cuando una persona era considerada mayor, porque había llegado a la edad de jubilarse, tenía muy poco tiempo, salvo excepciones, para dedicarse a otras cosas, y mucho menos a cosas novedosas, rompedoras. La persona jubilada tenía poco que aprender para serlo, debido a la corta expectativa de vida y a los estereotipos y prejuicios que los encasillaban en el apartado de “clases pasivas”. Nuestros abuelos tenían el rol de ser pasivos, una apreciación injusta, sobre todo si se trataba de nuestras abuelas, que no habían cotizado. Esta situación socio-económica se repetía también con algunas de nuestras madres y todavía colea en algunos casos.
Ciertamente el panorama del envejecimiento no es monocolor, tiene muchos matices.
El primer matiz, es que ya no se envejece como en el siglo pasado, ahora hemos entrado en una carrera loca por ocupar nuestro tiempo, ese tiempo calculado en 20 años después de la jubilación que significa casi una nueva vida.
Sabias consignas de que si el envejecimiento saludable, que si el envejecimiento activo, que si el envejecimiento productivo, eran y siguen siendo pautas a seguir…y hemos llenado las aulas universitarias, regladas o no, de personas mayores con o sin currículo académico previo; hemos abarrotado los programas de turismo cultural hasta la saciedad; hemos ocupado jubilosamente nuestros parques y paseos de caminantes y hemos adoptado la dieta mediterránea y el ejercicio físico como salvavidas de nuestra salud y garantía de longevidad… a esto le hemos llamado añadir vida a los años. A pesar de todo ello hemos comprobado que esa vida, a veces, no es del todo satisfactoria debido a problemas de salud, fragilidad, dependencia, soledad no deseada, por lo que el mundo de los cuidados sigue siendo un tema clave. De todos modos seguimos corriendo, aunque existan brechas, porque el tiempo pasa muy de prisa a pesar de esta prórroga que la vida nos concede.
El segundo matiz es que nadie envejece por ti, esta función es irrepetible, personal e intransferible. El envejecer no trae consigo un manual de instrucciones; existen algunas consideraciones, muy acertadas casi siempre, provenientes de expertos en la gerontología: médicos, sociólogos, psicólogos, nutricionistas, trabajadores sociales, economistas, etc., y a pesar de ello todavía seguimos teniendo algunos problemas para entender qué significa eso de dar sentido a nuestra vida, y los tiempos que corren no nos ayudan mucho a ello. Creo que es necesario que tomemos conciencia de nuestra responsabilidad en conformar nuestro envejecimiento, de modo que no nos vivan nuestra vida, sino que la vivamos conscientemente, con el realismo de nuestras dificultades y limitaciones, pero con la determinación y empoderamiento para seguir creciendo personalmente…porque el camino puede ser largo.
Las Relaciones Intergeneracionales, sería el tercer matiz que marca nuestro envejecimiento. Vivimos en una sociedad formada por muchas generaciones, nos guste o no. Cuando hablamos de las relaciones intergeneracionales, fácilmente solemos enmarcarlas en las que se dan entre abuelos y nietos pequeños y eso no es del todo exacto: no todas las personas mayores tenemos nietos y existen “otras edades” con las que estamos en permanente interrelación, como es en el mundo laboral, académico, cultural, etc. Nuestro añorado amigo, premio Principie de Viana de la cultura, Tomás Yerro, nos dejó sabias reflexiones sobre la abuelidad, pero él también apuntó hacia otras edades y ámbitos, en las relaciones intergeneracionales.
Conviene que caigamos en la cuenta de que las relaciones intergeneracionales, además de posibles, son necesarias desde las coordenadas del respeto y la cooperación entre generaciones, evitando caer en la provocación y el enfrentamiento, como últimamente se ha detectado. Los mayores no tenemos que competir con los jóvenes y ellos no deben de considerarnos como los causantes de sus problemas económicos actuales y de futuro. No va por ahí la cuestión. Promover más momentos de encuentros intergeneracionales nos vendría muy bien a todos.
Concluyo recordando el pensamiento de autores como Zygman Bauman, Byung-Chul Han y Victoria Camps, que han estudiado profundamente el momento actual que vivimos, al que han bautizado como “La modernidad líquida” (Bauman), “La sociedad del cansancio” (Han) y la “Civilización de soledades conectadas” (Camps).
Bauman sugiere que ser rectores de nuestro propio destino debería ser nuestro objetivo a pesar de los miedos que nos produce esta modernidad líquida; Han nos invita a una vuelta al interior de uno mismo, a la reflexión, al no caer en el activismo, que eso produce cansancio y enfermedades neurológicas y Camps, nos invita a profundizar en la filosofía, para no confundir el ruido con la comunicación, la opinión con el pensamiento, para aprender a ejercer la libertad como autonomía moral responsable.
Es posible que lleguemos a longevos, pero es vital prepararnos para que nadie envejezca por nosotros y como piensa Erri De Luca, estamos en “La edad experimental”. Vamos a por ello, sin edadismos, con dignidad y con sentido.
Juan Francisco Jerez Bernabeu. Trabajador Social Gerontólogo