Opinión
Los dolientes

Publicado el 06/05/2026 a las 05:00
Desconfío de quienes, durante las guerras y conflictos, se duelen de unos muertos e ignoran a otros. Hay dolientes de derechas y dolientes de izquierda, pero ambos coinciden en su sectarismo sistémico. Me parece de justicia protestar y manifestarse por las bestialidades que Israel perpetró en Gaza y que han merecido la repulsa del mundo entero, pero las brutalidades perpetradas por los señores de la guerra en Sudán, apenas ocupan, muy de vez en cuando, una línea en los periódicos, y los dolientes habituales les ignoran. Ni una manifestación ni una protesta. ¿Por qué? ¿Acaso importan menos las vidas de los niños sudaneses?
Lo mismo sucede con los asesinatos cometidos por el régimen de los ayatolas contra su propio pueblo, y con especial saña contra las mujeres. Los dolientes habituales no dijeron ni palabra en el pasado ni tampoco la dicen en el presente, y si alguno de ellos las dicen lo hacen en voz tan baja que no nos enteramos. Ahora, por ejemplo protestan por el trato que Israel ha dado a la nueva flotilla que iba hacia Gaza. Y si, hay que protestar porque no es tolerable que Israel no respete las aguas internacionales asaltando barcos y llevando a cabo detenciones. Pero, en mi opinión, los dolientes también deberían poner en marcha “otras” flotillas que lleguen a esos rincones del mundo donde mueren miles de personas a causa de los conflictos entre los “señores de la guerra”, llámense, Sudán, Somalia, Mali, Yemen...
No, no puede haber muertos de primera y muertos de segunda. No se puede protestar contra la violación de los derechos humanos en un lugar e ignorar esa misma violación en otros lugares.
Echo de menos que los dolientes habituales protesten con el mismo fervor por la sistemática violación de los más elementales derechos humanos que vienen perpetrando los talibanes contra las mujeres en Afganistán. Tampoco han convocado manifestaciones para pedir la liberación de las mujeres que en Irán sufren torturas y cárcel por oponerse a los ayatolas. Por ejemplo, la Premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi lleva tiempo encarcelada, está enferma, ha sufrido toda clase torturas. Ni un manifiesto, ni una protesta, ni una concentración, nada.
Tampoco en el pasado reciente, esos dolientes se han manifestado contra la dictadura feroz de Nicolás Maduro, donde se detenía torturaba y asesinaba a quienes osaban criticar al régimen. Ni tampoco cuestionan la dictadura castrista.
Hay quienes se lamentan de los ataques brutales, sí, brutales, de Israel contra el Líbano, pero no han dicho ni en el pasado ni en el presente, ni una palabra contra Hezbolá, ni tampoco contra Hamas.
En mi opinión todas las víctimas son iguales y nos deberíamos doler por todas, sean quienes sean, y estén donde estén.
Hay que decir NO a la guerra, pero a todas las guerras, las provoque quien las provoque. Hay que plantarse ante la violencia y la violación de los Derechos Humanos, los violen quienes los violen. De lo contrario, además de ser un ejercicio de hipocresía, no tendrá ningún efecto el dolerse de la tragedia de unos pero ignorar la de otros.
Y no es cuestión de “cantidad”, decir que unos han matado más que otros, es que cualquier país o régimen que viole los derechos humanos, merece el rechazo y el reproche de todos. No puede haber excepciones, no se puede justificar el asesinato de unos y callar el de otros. Debemos condenar sin paliativos la violencia que llevan a cabo personas, grupos o países aunque en tantas ocasiones, algunos caen en la tentación de encontrar eximentes, porque creen que los objetivos y razones de determinadas causas son loables. Y eso lleva a que haya víctimas y muertos de primera y víctimas y muertos ignorados. Hay que condenar la violación de los Derechos Humanos la lleve a cabo quien la lleve a cabo. Elemental ¿o no?
Julia Navarro es periodista y comentarista política.