Opinión
"Si esta tarde nos dijeran que tenemos que quedarnos en casa, apuesto a que todo el mundo saldría a la calle, porque hemos aprendido a hacer lo contrario de lo que dicen"

Publicado el 05/05/2026 a las 20:43
En medio de la penúltima escalera de San Fermín se apareció un barco fantasma en Cabo Verde infectado por un nuevo virus con canina, guadaña y ecos de fin del mundo, como todos los barcos fantasmas. Cada jueves es el armagedón, y es probable que nos parezca el apocalipsis el día en que no pase nada.
Estuvo la gente preguntándose durante un tiempo qué habíamos aprendido de la pandemia, como si las pandemias fueran un profesor de secundaria o un libro. Yo aspiraba a aprender nada de nada de la pandemia. Las lecciones de la Tierra y toda aquella vaina me ponían desde el principio muy a la contra. Si venían a contarme que la Tierra había dicho esto o lo otro, por dentro pensaba: la Tierra no habla, picha.
Ahora ha salido Fernando Simón a decir que no hay que preocuparse por el hantavirus. De momento. Viene con la habitual morralla institucional por la cual deberíamos estar, al mismo tiempo, preocupados y atentos. Que esta vez nos anuncie el fin del mundo definitivo o que nos deje en paz pero se deje de dualidades. Ha sido escuchar la voz de señora leyendo en misa del pequeño doctor y de súbito me he metido debajo de la mesa del salón en posición fetal.
¿Qué sucedería si de pronto saliera Pedro Sánchez con la bici de enduro y el tonillo con el que José Luis Rodríguez Zapatero hablaba sobre el infinito y que debemos quedarnos en casa? Si esta tarde nos dijeran que tenemos que quedarnos en casa, apuesto a que todo el mundo saldría a la calle; y si nos mandaran a la calle, por el contrario, todos nos quedaríamos en casa, porque hemos aprendido a hacer lo contrario de lo que dicen.
Vivíamos mejor en la confianza de que había expertos y de que la ciencia decía cosas unívocas, pero éramos mucho más tontos. En aquel tiempo de “resistiré” y aplausos en los balcones nos decían que saldríamos más fuertes, y no salimos ni con vida. También con el cuento pegajoso de que de la pandemia aprenderíamos algo, ya sé: a no fiarnos del Gobierno.