Editorial

Implosión del sistema sanitario navarro

Se solapan los anuncios de servicios médicos que paralizan su actividad extraordinaria por la sobrecarga asistencial y la falta de medidas efectivas para revertirla, en un momento crítico para el Servicio Navarro de Salud

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Editorial DN

Publicado el 27/04/2026 a las 18:32

Si ya bajaban revueltas las aguas en la sanidad foral tras un fin de semana convulso, el inicio de esta nueva ha desatado una tormenta que agudiza la crisis interna que vive todo el sistema. Y el epicentro radica en el Hospital Universitario de Navarra. A los conocidos anuncios de los servicios de Anestesia y de Traumatología de que paralizan su actividad extraordinaria durante los meses de mayo y junio, se suma este lunes el del servicio de Digestivo. 

Y hay más. Por si fuera poco, en la misma jornada otros 61 profesionales de Urgencias publican una carta en la que denuncian el colapso del servicio y alertan de que “el sistema está roto”, que es exactamente lo mismo que hicieron sus homólogos del Hospital de Tudela el pasado viernes. 

Un cúmulo de agravios imposible de soslayar y que señalan en una sola dirección: la gestión de la consejería de Salud que dirige Fernando Domínguez. 

Esta escalada de protestas tiene como fondo la sobrecarga asistencial y la ausencia de medidas efectivas para revertirla, es cierto, pero también subyace algo más profundo: un malestar en los profesionales de la medicina, que se sienten señalados y ven ataques y falta de respeto hacia el colectivo. De ahí la decisión de no trabajar horas extras ni peonadas por las tardes (voluntarias y remuneradas) en una clara alusión a que no se está -al menos no sólo- ante un conflicto meramente salarial. 

Y el momento es crítico; tanto para el futuro político del consejero de Geroa Bai y del Ejecutivo de Chivite, que lo sustenta, como para el Servicio Navarro de Salud, que afronta una nueva prueba de estrés en una situación especialmente delicada, con una huelga en puertas convocada para las tardes de los próximos meses. 

No es sencilla la papeleta para Domínguez, quien no ha sabido dar con la tecla y cuyas decisiones le han colocado en frente a todo el colectivo médico, lo que aboca a una parálisis profunda en la que la principal perdedora volverá a ser la ciudadanía, que verá cómo se agrava un problema de las listas de espera ya peligrosamente cronificado. Urge una reacción política a alto nivel.

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