Opinión
"Por las caras de los que salían, sabías que lo que se ofertaba por alquiler no era una vivienda, sino el escenario de un crimen"
"Nadie dijo que ser joven fuera fácil, pero tampoco hay ponerlo tan difícil, carajo"

Publicado el 26/04/2026 a las 05:00
Cuando llegué a Madrid ya era viejo para acceder a la tarjeta joven que permitía un descuento en el transporte para menores de veinte años. Escucho en el telediario que los estudiantes pueden acceder con el carné joven a restaurantes donde se alimentan sano por seis euros. Me parece muy bien que los chicos no tengan que probar el menú de El Pacífico, chino de Lavapiés al que acudíamos los domingos -gran lujo- para, sin saberlo, conseguir un colon irritable. El Pacífico fue cerrado tras una inspección sanitaria. Los chicos de hoy lo tienen crudo para acceder a un alquiler o a un piso en propiedad, salvo que sean hijos únicos, aunque para ello deban esperar a un funeral celebrado cuando se les ha pasado el arroz. Los boomers no teníamos remilgos para compartir piso con amigos… Y qué pisos. Aquellas viviendas con distribución cubista, sin calefacción, ocupadas por tres o cuatro buscavidas recién llegados de la helada provincia, son hoy viviendas que se venden por medio millón de euros a cuarenta años de hipoteca. En noches de invierno, en la cama uno se tapaba como un himalayista y exhalaba vaho por la boca, sin sospechar que aquel criadero de cucas, ácaros inmortales y platos sin fregar, sería hoy lujo californiano. La dueña llegaba en una furgoneta hippie, la detenía en la esquina convenida, y tras bajar la ventanilla le dábamos el sobre con la mensualidad. Parecíamos narcotraficantes.
Una vez en su poder, arrancaba dejando una nube de queroseno. Cuando entonces, la tasa de desempleo juvenil era del 35%. Para alquilar un piso había que hacer un curso de Navy Seal. Esto es, madrugar mucho, correr hacia el quiosco de prensa de Sol, comprar el “Segunda Mano”, ir a una cabina telefónica y, si había mucha suerte, concertar una cita. Cuando llegabas esperaba su turno una fila de gente. Por las caras de los que salían, sabías que lo que se ofertaba por alquiler no era una vivienda, sino el escenario de un crimen. No quisiera caer en la frivolidad, dada la situación dramática de los jóvenes que buscan una vivienda; pero tampoco en el pasado falsamente heroico del que hacen gala los viejos frente a los jóvenes. Nadie dijo que ser joven fuera fácil, pero tampoco hay ponerlo tan difícil, carajo.