Editorial

Poner a la educación en el centro

El anuncio del cierre de aulas en colegios navarros abre un cisma en los socios de Gobierno y en la comunidad escolar, que demanda convertir la caída de la natalidad en apuesta por la calidad educativa

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Editorial DN

Publicado el 24/04/2026 a las 05:00

Si el curso académico no estaba ya suficientemente revuelto tras meses de movilizaciones de profesores, familias y centros, la decisión del departamento de Educación de cerrar un buen puñado de aulas de Infantil para el próximo año ha terminado de indignar a la comunidad escolar y a todo el arco parlamentario. Un terremoto político que va cogiendo fuerza y cuyas réplicas han abierto brecha entre los socios del Gobierno de María Chivite. 

Sólo eso, junto a las primeras movilizaciones ciudadanas como la de este miércoles de las ikastolas, explica que el consejero Gimeno haya reculado y anuncie ahora que finalmente no se clausurarán las 19 aulas previstas en la red pública. Mantiene, eso sí, la cláusula de defunción para otras 14 clases en centros concertados. 

Y es precisamente aquí donde salta el agravio comparativo que se destila de esta decisión del consejero socialista, que pese a escudarse en informes técnicos modula ahora su postura para no agraviar a parte de sus compañeros de viaje en el Ejecutivo. Un apuesta, por otra parte, no exenta de riesgos, pues Geroa Bai y Bildu seguirán haciendo cuña para no ver reducidas las unidades de las ikastolas concertadas. 

Y mientras unos y otros tratan de arrimar el ascua a sus propios intereses, desde los sindicatos nacionalistas que sólo ven euskera, a los partidos que desdeñan a la concertada en castellano, lo que se echa en falta es una mirada global sobre el sistema, una gestión que ponga verdaderamente en el centro a estudiantes, colegios y familias. 

Porque aquí nadie pone en duda que sufrimos una caída de la natalidad salvaje que vacía los centros, pero también es una realidad que se ha tratado de hacer una proyección demasiado restrictiva para los próximos años, habida cuenta de que el propio Gobierno maneja cifras que muestran un claro repunte en las aulas a partir de 2028. 

Y si la Comunidad foral vive años de recaudación récord, con 1.700 millones de euros más que en 2020 salidos del bolsillo ciudadano, lo menos que cabría esperar es que se reinviertan en una verdadera educación de calidad, una que apueste por menos alumnos en las aulas y una atención personalizada. Sólo así se evitan incoherencias como que Gimeno asevere que “Educación no está para financiar aulas semivacías” al tiempo que la propia legislación permite abrir clases para 8 alumnos si se trata del modelo D. Lo vistan como lo vistan, cerrar aulas y colegios siempre será un fracaso como sociedad si lo que subyace detrás es una Navarra cada vez más envejecida.

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