Balonmano
Iñaki Ániz, entrenador navarro en Catar: "Ha sido un año duro y sorpresivo en muchos aspectos"
El técnico pamplonés, tras completar la temporada al frente en el Catar SC pese al conflicto en Oriente Próximo, volverá en breve a Doha para negociar su futuro. "Mantengo la inquietud por seguir evolucionando como técnico y afrontar nuevas vivencias", afirma


Publicado el 24/04/2026 a las 05:00
Pasa estos días en Pamplona para desconectar. Pero muy pronto estará de nuevo haciendo las maletas para regresar a Catar y renegociar su continuidad tras entrenar esta temporada al Catar SC en la liga de aquel país, donde le sorprendió el inicio del conflicto de Oriente Próximo tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán y la respuesta de este último con lanzamientos de misiles y drones a diferentes países.
El pamplonés Iñaki Ániz Legarra, de 57 años y con experiencias en banquillos de selecciones femeninas y masculinas en Chile, Italia, Baréin y Catar y en clubes como San Antonio, Anaitasuna, Villa de Aranda, Rocasa Gran Canaria..., sigue sintiendo pasión por el balonmano y entendiendo su profesión “como un trabajo pero también de conocer mundo y vivir experiencias. Aún mantengo la inquietud por seguir evolucionando como técnico y por afrontar nuevas vivencias en torno al balonmano”, explica. “Y eso que la situación y el rol actual del entrenador ha cambiado mucho estos años. Se ha ‘futbolizado’ el balonmano en ese aspecto”, afirma.
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Unos días de descanso tras acabar la temporada y vuelve a Catar. ¿Qué idea tiene? ¿Seguirá en el balonmano catarí?
A ver. Tenemos que hablar. Diría que todos los frentes están abiertos. Lo primero es hablar con ellos y a expensas de esa conversación veré. En principio el contrato con el ministerio de deportes acaba en agosto. Siempre hay llamadas de otros sitios y tampoco lo descarto. O incluso, si no hay nada atractivo, empiezo la temporada sin entrenar. Hoy en día las cosas se mueven más tarde; de repente no hay nada y al día siguiente te llaman de dos sitios. Veremos.
Parece claro que, a pesar de las circunstancias, se siente bien en Catar.
Todo hay que valorarlo globalmente. La experiencia siempre es buena. Al final no dejas de estar en otro país donde además al trabajar para el gobierno tienes la condición de residente, conoces a otros jugadores y técnicos, entrenas y practicas inglés, aunque había muchos jugadores tunecinos con los que me comunicaba en francés. Ha sido también mi vuelta al balonmano masculino tras la experiencia en Italia (dirigió al Erice HB). El balance ha sido muy bueno la verdad y, a nivel deportivo, considero que también. He tenido a un equipo joven que quedó último en la anterior liga tras ganar un partido. Esta vez fuimos novenos y ganamos cinco. También el equipo fue sexto en el Campeonato de Arabia de Clubs y en la Copa Federación y séptimo en la Emir Cup, el último trofeo de la temporada. Y todo después de haber entrenando en todo tipo de circunstancias, como el Ramadán o la guerra. Ha sido un año duro y sorpresivo a muchos niveles.
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¿Cómo ha vivido el conflicto?
Cuando empezó el 28 de febrero, lógicamente, con todas las alertas puestas. Fueron aproximadamente dos semanas casi de confinamiento. Prácticamente solo salíamos a comprar debajo de casa. Se suspendieron las ligas y los entrenamientos, te mandaban al móvil alarmas... Nadie sabía por donde iba a salir la cosa aunque hacíamos relativamente vida normal. No se veía a la gente demasiado preocupada. A mi me ayudó estar también con un amigo y entrenador: Óscar Mojer. A partir de ese momento hubo una ventana en la que se empezaron a abrir los aeropuertos, retomamos los entrenamientos después de 12 o 14 días, la competición con el objetivo de acabar la liga, después las treguas... Y todo, coincidiendo además con el periodo religioso del Ramadán. Todo eso hizo que fuesen unos días especiales, complicados. Por ejemplo, y como en esas fechas no comen hasta ya anochecido, entrenábamos a las 11, a las 12 de la noche y, muchos días, volvía a casa a las 2 de la mañana. O empezamos a jugar partidos cada tres días. Fue el no va más. Sin entrenar dos semanas, entrenamos tres o cuatro días y nos pusimos a jugar tres partidos por semana.
¿No llegó a plantearse el regresar?
Sí. Hubo un momento, uno solo, en el que me lo llegué a plantear. Fueron en los primeros días de incertidumbre. Nos escribieron un mensaje desde la Embajada de España. Avisaron de que iban a salir unos vuelos para repatriar a personas que se habían quedado atrapadas por el cierre del aeropuerto, en tránsito, recuerdo el caso de unos bomberos de Navarra. A las 2.30h escribieron otro para decir que también podían salir gente con niños, personas mayores o enfermas. Y las 3.00, que era para todo el mundo. Pero el vuelo salía a las 8.00h. Dudé, pero no me podía ir así. Si hubiera tenido un miedo insoportable, quizá lo hubiera hecho. Decir que sí, dar el nombre e ir al aeropuerto. Pero no lo sentía y sí que tenía el compromiso adquirido con el club, con los jugadores, de acabar la temporada. No podía irme de esa manera. Decidí no hacer nada. Llevarlo en casa de la mejor forma posible. Y lo cierto es que en Catar, quizá por su relación con Irán, no ha habido muertos ni heridos y los daños han sido menores en relación a países cercanos.