Opinión

"Cuando lean estas líneas estaré metiéndome entre pecho y espalda torrijas como para enlosar un patio cordobés y así, un año más, habremos cumplido con la liturgia"

En mi patria chica la Semana Santa está hecha de recuerdos, sabores y olores, tradiciones que merece la pena continuar

Un buen plato de torrijas por Semana Santa
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Un buen plato de torrijas por Semana Santa

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Íñigo González

Publicado el 02/04/2026 a las 08:21

Cuando lean estas líneas estaré metiéndome entre pecho y espalda torrijas como para enlosar un patio cordobés. Y así, un año más, habremos cumplido rigurosamente con la liturgia. Apenas suene el despertador, procesionaremos todos en pijama, bata y zapatillas de felpa, somnolientos, desde nuestra casa a la de los abuelos, para juntos desayunarnos allí con avidez el Jueves y el Viernes Santo. Como si no hubiera un mañana, que tal y como están las cosas, ya no es descartable. Para nada. Y, por unos instantes, seremos felices. 

En mi patria chica la Semana Santa está hecha de recuerdos, sabores y olores. Sin la grandilocuencia de los pasos, cirios y capirotes de otras latitudes, cierto, pero con verdad. Para nosotros los días de Pasión y Pascua entroncan con lo que fuimos y lo que queremos ser. Son tradiciones que merece la pena conservar y transmitir a nuestros hijos.

Porque lo que sucedía -y aún sucede- dentro de las paredes de la iglesia de Noáin me erizaba la piel de niño sin ser yo alguien especialmente religioso. Y mira que de crío me tiré un montón de años ejerciendo de monaguillo, que pasado oscuro tenemos todos. Había momentos que se hacían cuesta arriba, sí, como la misa eterna de viacrucis que seguíamos enterita de rodillas. Otros bellos, como la Vigilia Pascual del sábado, en la que, con todo el templo a oscuras, se bendecía la luz de una fogata y el agua de una jofaina. Y también algunos mágicos, como la lectura a tres voces de la Pasión de Jesús, que en mi cabeza resonaba como una película increíble o un libro vibrante. Me encantaba.

De todo aquello queda hoy un eco que a muchos sonará a chino, pero que en nuestra familia aún resuena. Y por eso, cuando miles de navarros se lancen estos días a las vacaciones sin reparar en lo que conmemoran ni en por qué llevan ese nombre, en casa haremos el ejercicio de poner el contexto. De recordar que hubo un hombre que dio la vida por todos nosotros hace más de dos mil años. Desde el pequeño, al que aún le brillan los ojos con el destello de las primeras veces, al mayor, a quien habrá que llevar un poco a regañadientes. Cierto. Y ya después nos apretaremos algunas torrijas más.

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