Opinión

"La verdadera vanguardia no es que nos entiendan en un club de Berlín o Tokio. Necesitamos una música que hable de mujeres y de hombres como personas, en su completa humanidad"

"Resulta fascinante que a un artista con un show de apenas quince minutos se le atribuya la metamorfosis en la percepción global del castellano. Es lo que logró Bad Bunny en la Super Bowl"

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Jose Murugarren

Actualizado el 17/02/2026 a las 09:01

La globalización convierte un espectáculo en revolución. Resulta fascinante que a un artista con un show de apenas quince minutos se le atribuya la metamorfosis en la percepción global del castellano. Es lo que logró Bad Bunny en la Super Bowl. Bajo el foco de esa vitrina colosal, el castellano se desprendió de los estigmas que lo vinculaban a la precariedad para emerger como una lengua aspiracional. Gracias a la música, la lengua dejó de ser barrera para convertirse en un activo de prestigio. Su presencia en el epicentro de la cultura estadounidense ratificó al castellano como el nuevo lenguaje del éxito global. Fue tan impactante que pudo parecer un espejismo. El triunfo del 'Conejo Malo' proyectó el español como el idioma de la vitalidad. Lo mostró inclusivo con el foráneo, reforzó la conciencia de comunidad latina pujante. 

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El artista cantó y contó que América es mucho más que las reducidas fronteras USA y cargó contra la deriva autoritaria de Donald Trump. Resulta tentador abrazar a Bad Bunny como el nuevo embajador de la lengua y escudo del migrante. Sin embargo, corremos el riesgo de depositar la defensa del idioma en manos de una narrativa que, en ocasiones, reduce a la mujer y recicla los vicios más arcaicos del machismo. Dan prueba de ello algunas letras polémicas del pasado; y aunque el artista ha intentado corregir el rumbo en sus éxitos recientes, la sombra de la cosificación persiste. Si el castellano es el idioma del gancho cultural, no puede serlo a costa de los derechos de la mitad de su población. La verdadera vanguardia no es que nos entiendan en un club de Berlín o Tokio. Necesitamos una música que hable de mujeres y de hombres como personas, en su completa humanidad; una que no cosifique y que entienda que letra y ritmo pueden ser vehículos de una revolución del respeto por las mujeres tan sobresaliente como el enorme espectáculo de la Super Bowl.

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