Opinión
"Dos descarrilamientos en tres días significan que la probabilidad de que las cosas pasen dos veces es muy poca, pero existe"

Publicado el 22/01/2026 a las 05:00
Dos descarrilamientos en tres días significan que la probabilidad de que las cosas pasen dos veces es muy poca, pero existe. Nuestra historia está llena de cosas que no iban a suceder. Así, en la distancia de la tamborrada y con el chupinazo escondido al otro lado del año, la vida parece muy rara.
Sobre el muro de la plaza de toros de Córdoba se juntan los familiares de los desaparecidos, a fumar y a que pase el tiempo, que es lo único que pasa. Por momentos parecen despreocupados; otras veces, ausentes, llorosos, circunspectos, o se ríen de algún chiste necesario como un salvavidas. Por momentos tiemblan, les recorre un escalofrío habiendo templado el día, o miran al aire como si hubiera algo allí que en realidad no está. O se enrabietan y se diría que van a salir por la calle dando patadas a los retrovisores y derribando las papeleras de la puñetera vida.
Está la mañana así, soleada y tranquila como para partir escaparates en la ciudad. En la recta de Adamuz, junto a la vía en la que se acuestan dos trenes muertos dándose la espalda, una grúa con un mástil como una sequoia levanta un amasijo de hierros y cuerpos. Tan cerca y tan lejos, los olivos de plata verde y ligerísima, los palomos sobrevolando el cielo y una mastina perezosa que bosteza tumbada sobre un costado, ajena a la tragedia, preñada de presente, ajena a la amenaza del pasado y del futuro, que son dos matones.
Entre la calma y la tragedia se despereza un tiempo asesino y los familiares de los muertos esperan la mejor peor de las noticias, que no llega. Algunos, heroicos en una última arrancada, muestran a la prensa las fotos de gente que no aparece, y que no aparecerá nunca viva. Agustín atendía en la cafetería del Alvia, vagón tres, y fue al baño, al segundo coche, cuando chocaron. Ahora no saben de él. Si alguien lo ve, ruega su cuñado, un tiempo antes de desfallecer, que llame a este teléfono. Ayer lo encontraron. Lo cierto es que la esperanza es lo último que se pierde, pero también se pierde.