Opinión

"¿Sufres mucho en ese momento en el que no queda más remedio que levantarse del sofá a por el mando de la tele?"

"Ni en la euforia te creas el rey del mambo. Te has machacado un buen rato para disfrutar de un instante. Pero es solo el principio. Mañana, de nuevo, hay que volver a empezar"

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Jose Murugarren

Actualizado el 19/01/2026 a las 23:30

Levantar piedras y arrojarlas contra bichos amenazantes fue imperativo de supervivencia hace millones de lunas. Cuando el hombre evolucionado era solo el delirio de un australopitecus tener músculo para repeler depredadores y transportar la caza con su peso resultó imprescindible. Hoy, en la era del teletrabajo y la tostada de aguacate, el reto físico máximo es desenroscar el tapón del bote de mermelada. Fuimos cazadores-recolectores en un tiempo y somos “reclinados tecleadores” y en el viaje de la evolución de cachas pleistocénico a esta fragilidad contemporánea el riesgo es que la densidad ósea tenga la solidez de un barquillo. ¿Es tan importante hacer ejercicios de fuerza? ¿Sufres mucho en ese momento en el que no queda más remedio que levantarse del sofá a por el mando de la tele? ¡Por no asumirlo uno llega a creer que se puede cambiar de canal usando la fuerza mental! No funciona. ¡Intentas convencer a tu pareja para que sea quien asuma la sentadilla y recoja el mando! Si pudieras pedirías ayuda al vecino con tal de evitar el esfuerzo. Al fin decides estirarte. Percibes como enorme el impulso y las piernas crujen con un sonido muy parecido al repiqueteo de una bolsa de patatas fritas. 

“Voy a tener que hacer deporte”, te dices en inteligente conclusión. Piensas que hay una conspiración colectiva de apoyo a los ejercicios de fuerza. Medios de comunicación, libros y expertos insisten en que es un seguro contra la obsolescencia programada del esqueleto. Uno, dos, mancuerna y pesa rusa, arriba y abajo... Una vez más. Ya estás en la dinámica. ¡Vamos no pares! Empieza el año y los gimnasios se llenan. Ánimo, no es solo el peso que levantas, es el peso que te quitas de encima si aceptas el reto. Es sano y aunque parezca que desfalleces durante el ejercicio vas a poder disfrutar. Poco pero existe un instante místico, justo cuando tus músculos tiemblan bajo la presión de la última serie. Tu sufrimiento se convierte en poder absoluto. Es una explosión de euforia, un subidón de energía que demuestra que tu voluntad sigue ahí. Pero ni en la euforia te creas el rey del mambo. Te has machacado un buen rato para disfrutar de un instante. Pero es solo el principio. Mañana, de nuevo, hay que volver a empezar.

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