Opinión

"Dos días después de Reyes ya hay regalos rotos por el salón. No pido que sean como la churrera sexagenaria, pero sí que duren algo más que los consejeros de Chivite"

Hubo un tiempo en el que las cosas se hacían para durar. Sucedió mucho antes de que la obsolescencia programada entrase en nuestras vidas

La churrera Bernar, victoriosa ante su sucedáneo de plástico
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La churrera Bernar, victoriosa ante su sucedáneo de plásticoÍÑIGO GONZÁLEZ
La churrera Bernar, victoriosa ante su sucedáneo de plástico

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Íñigo González

Actualizado el 09/01/2026 a las 11:44

Hubo un tiempo en el que las cosas se hacían para durar. Sucedió mucho antes de que la obsolescencia programada entrase en nuestras vidas y el consumismo rampante corriese a crearnos una nueva necesidad tras otra. Y no importaba el objeto ni el material, pues todo se diseñaba para permanecer. Desde una sartén de hierro forjado a un coche familiar pasando por un chaquetón tres cuartos. Daba igual. Pasaban los años, las generaciones, y podías heredar cualquiera de estas cosas en perfecto estado funcional. Hoy eso es historia.

Me viene esta reflexión a la cabeza a cuenta del dispendio navideño que, quien más quien menos, todo el mundo acaba de sufrir en sus hogares. Una locura, ¿verdad? Pues a eso en nuestra casa súmenle el cumpleaños de los dos mayores, lo que nos arroja a la cuesta de enero sin terminar diciembre. El caso es que estábamos en pleno festejo de M. Es el 2 de enero. Y con el atracón de Nochevieja y Año Nuevo superados, para no perder el ritmo estomacal antes de Reyes, la tradición dicta meternos entre pecho y espalda chocolate y churros caseros como para una boda. Salvo que esta vez, casi acaba en tragedia.

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A mi santa le encanta trastear en la cocina así que hace unos años se compró una churrera para seguir con la receta de mi madre. Y todo han sido calorías, azúcar y risas hasta que en plena producción se partió la rosca. Drama por un aparato de plástico que llegó tras la pandemia. Tensión. Miradas incrédulas de media familia hambrienta. Pero es en esas situaciones cuando surgen los héroes. Superheroínas sin capa que corren a buscar su propia churrera para que la fiesta no pare. Y claro. Las comparaciones son odiosas. La marca, Bernar; el material; aluminio. Año de producción; Gijón, 1962. Del eslogan de la caja (La maneja una niña) no se habla, que no todo es perfecto. Pero esta churrera, sí. Y salvó la merienda. 

Pienso en todo esto cuando dos días después de Reyes ya tenemos piezas rotas de regalos varios esparcidas por el salón. Que no pido yo que sean como la churrera sexagenaria de la abuela, pero hombre, al menos que duren algo más que los consejeros del Gobierno de Chivite. Que en el punto medio está la virtud.

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