Opinión
40 años de transformación
"Para Navarra, la integración de España en Europa ha tenido efectos enormemente positivos por encima incluso de la media nacional"

Publicado el 06/01/2026 a las 05:00
Sorprenden que haya pasado tan desapercibido el 40 aniversario de la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea, el 1 de enero de 1986, dada la trascendencia de la profunda transformación experimentada por nuestro país y por Navarra desde entonces. Estas cuatro décadas constituyen una etapa de bienestar sin precedentes en la historia española con sus lógicos sobresaltos y contratiempos, pero resulta incuestionable el balance positivo de nuestra integración en las instituciones europeas. Hoy resulta impensable que España no se hubiera integrado en lo que entonces era la CEE, así como en la Alianza Atlántica, como un socio más tras más de cuatro décadas de aislamiento forzoso bajo la dictadura franquista. Por ello llama la atención que esta efeméride no haya recibido la atención que merece, mientras se subrayan otros hitos históricos, como el 50 aniversario de la muerte de Franco en 1975.
Conviene recordar que la España y la Navarra de hace 40 años poco tienen que ver con la realidad actual que hoy disfrutamos, aunque debemos ser conscientes de que podríamos haber aprovechado mucho mejor las ventajas de esa integración. La convergencia con los países europeos más avanzados, la mejora de las infraestructuras, la internacionalización de las empresas, los avances sociales y la notable mejora del bienestar y de la imagen internacional de España son algunas de las principales conquistas de estos últimos 40 años. Existen, por supuesto, importantes retos pendientes: la reducción de los elevados índices de desempleo, la baja productividad, las limitaciones en innovación y la excesiva dependencia del turismo, la construcción y el gasto público. Aun así, desde una perspectiva histórica, estas cuatro décadas han tenido un impacto decisivo. Porque la integración definitiva no fue fácil. Hasta llegar al 1 de enero de 1986 fueron necesarias largas negociaciones para entrar en el entramado burocrático y económico europeo que apenas conocíamos. Imagínense, por ejemplo, el bautismo de fuego de este periodista y de su esposa pamplonesa, Rosana Ubanell, al llegar como corresponsales a Bruselas a finales de abril de 1986, apenas dos días después del accidente de la central nuclear ucraniana de Chernóbil.
Además de la histeria vivida durante días por los posibles efectos de la nube radioactiva, afrontamos de inmediato un aprendizaje acelerado del funcionamiento de las instituciones europeas para narrar, desde nuestros respectivos medios de comunicación, el día a día del complejo mundo de la política comunitaria. Algo semejante les ocurrió a nuestros ministros, a los primeros funcionarios españoles, a los dos comisarios que entonces representaban a España en la Comisión Europea -Manuel Marín y Abel Matutes-, así como a empresarios y representantes de las comunidades autónomas que, poco a poco, comenzaron a desembarcar en Bruselas. Fueron años apasionantes en el proceso de adaptación con la apertura de nuestro mercado, el aumento de la competencia y la llegada de los primeros fondos estructurales y sociales, que permitieron iniciar la modernización de las infraestructuras mientras se avanzaba en el proceso de reconversión industrial. Ese período culminó en 1992 con dos acontecimientos que catapultaron la imagen de España en el mundo: los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla.
La modernización se frenó a partir de 1993 con el aumento del desempleo y del déficit público, al tiempo que la entrada en vigor del Tratado de Maastricht exigía la aplicación de criterios estrictos y reformas en el mercado laboral. Con la introducción del euro físico el 1 de enero de 2002 comenzó una nueva etapa de expansión y crecimiento económico, que se vio abruptamente interrumpida a partir de 2008 por el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera global. La recuperación volvió en 2014 con un crecimiento sostenido, creación de empleo y mejora de las exportaciones, aunque persisten problemas estructurales como la baja productividad, el elevado desempleo juvenil y la excesiva dependencia del turismo. Esta etapa de crecimiento se paralizó con la pandemia de la COVID-19, que tuvo un impacto demoledor en los sectores del turismo y los servicios.
Para Navarra, la integración de España en Europa ha tenido efectos enormemente positivos por encima incluso de la media nacional. Los factores clave han sido su sólida base industrial -automoción, metal y agroalimentación-, la autonomía fiscal y la estabilidad financiera de la Hacienda Foral, así como el adecuado aprovechamiento de los fondos europeos destinados a modernizar la industria y las infraestructuras. Navarra debe seguir apostando decididamente por una mayor integración en la Unión Europea para favorecer la transición del sector de la automoción, mejorar los niveles de productividad y avanzar en la diversificación hacia sectores como la biotecnología, la salud o la industria farmacéutica, además de profundizar en la innovación, el sector agroalimentario, la transferencia tecnológica y la transición energética. En este 40 aniversario de la adhesión española a Europa, el reto de Navarra es evidente: seguir avanzando en la integración para fortalecer el modelo industrial y consolidar a Navarra como un ejemplo de cohesión, estabilidad institucional y modernización entre las regiones más avanzadas de Europa.
Emilio Sánchez Carlos. Periodista