Opinión
Propósitos para Europa
"Es hora de que la Unión Europea en la que España se integró hace ahora 40 años salga del ‘shock’ en la que lleva inmersa casi cuatro años y plantee una alternativa ética al desorden mundial"

Publicado el 01/01/2026 a las 00:05
Una de las pocas certezas que le ha dado 2025 a Europa es que ha llegado la hora de asumir su responsabilidad en este trance histórico. Poco después de que Donald Trump asumiera por segunda vez la presidencia de Estados Unidos, fue haciéndose evidente que el movimiento MAGA (‘Make America Great Again’) iba muy en serio. En el caso estadounidense, la expresión tiene un significado más profundo: no se trata solamente de una reconfiguración de prioridades, sino de una nueva lista de objetivos en la que ya no caben todos. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, EE UU había liderado Occidente con el objetivo de configurar un orden global basado en el comercio libre, la democracia liberal, el Estado de derecho y el multilateralismo. Pero desde comienzos de 2025, Trump ha trabajado para la sustitución de ese orden por otro basado en la fuerza y en el proteccionismo. Ejemplos de este cambio de ciclo son la guerra arancelaria, el plante a varias organizaciones internacionales, las reivindicaciones imperialistas a aliados como Canadá y Groenlandia o las amenazas hacia los representantes de la Unión Europea para presionar en favor de la desregulación de los mercados digitales, tal y como desean las tecnológicas americanas.
Así, la UE, en la que España celebra estos días el 40º aniversario de su fructífera integración, ha visto este último año cómo el mundo de ayer, que había operado durante ocho largas décadas, se iba desintegrando ante sí. Entretanto, su papel ha ido mermando sin que las instituciones comunitarias hayan sido aún capaces de dar respuesta a los retos de los tiempos que corren. Mientras EE UU rompe lazos con sus socios occidentales y China consolida semana a semana su poder, Europa envejece, pierde competitividad y flaquea en el liderazgo. Es hora de que salga de ese estado de ‘shock’. Lo debe traducirse no en una ambición ingenua sobre su poderío real, pero sí en hacerse fuerte en lo que representa y en su potencialidad para influir. Porque siendo perfectible, la Unión es la voz más autorizada para plantear una alternativa ética al actual desorden mundial.