Opinión
El despertar de Europa

Publicado el 30/12/2025 a las 05:00
Por ahora son apenas brotes verdes, pero pueden convertirse en los primeros indicios del despertar del viejo continente ante un nuevo año que comienza cargado de incertidumbres.
Durante el año que termina, la Unión Europea ha sufrido todo tipo de penalidades. Zarandeada sin compasión por la fanfarronería de Donald Trump, el hostigamiento de Vladímir Putin, la avasalladora maquinaria comercial china y las intrigas propias de una familia europea tan dispar, 2026 volverá a estar marcado por el desánimo que provoca la guerra sin fin en Ucrania.
Todo son problemas y cuesta vislumbrar una tímida luz al final del túnel en este mundo convulsionado por cambios acelerados y tensiones crecientes.
La encrucijada en la que vive Europa es una realidad incontestable. En apenas unos años nos jugamos la pervivencia de una civilización, agobiados por la indiferencia del aliado estratégico estadounidense, la presión rusa y la transformación impuesta por China y sus satélites asiáticos.
¿Se impone el desasosiego y la caída de brazos o podemos permitirnos aún un soplo de aliento? Permítanme, en este último artículo del año, apostar por un envido de ilusión a favor del renacer de Europa.
Y ello a pesar de los conflictos que nos acechan, como la triste crisis de valores que consume a España, reflejada en la sucesión de escándalos que evidencian la pérdida de lo más esencial: la decencia, la honradez y la mínima ética exigible a quienes gestionan lo público.
¿Dónde están, entonces, esos incipientes brotes verdes?, se preguntarán. Al frente de estos retoños de esperanza se sitúa Alemania y su canciller, Friedrich Merz, por su determinación de asumir el liderazgo europeo en las negociaciones de paz en Ucrania, plantándose ante Washington y Moscú para intentar lograr un acuerdo que salvaguarde los intereses ucranianos y europeos.
Merz ha abandonado la posición de sumisión de la Unión Europea y ha decidido enfrentarse a Trump y Putin. Merz sostiene que el futuro de Europa pasa de manera ineludible por el desenlace de la guerra en Ucrania y que resulta inaceptable una capitulación impuesta por el Kremlin con el beneplácito del imprevisible Trump.
Con el préstamo de 90.000 millones de euros —una cifra menor de lo inicialmente prevista— a Ucrania, los europeos se proponen mantener las negociaciones de paz hasta alcanzar, al menos, un acuerdo honroso.
En este proceso, Merz apuesta por la firmeza frente a Trump, en contraste con la actitud tradicionalmente condescendiente de la UE. A su favor juega lo que en Estados Unidos es ya un secreto a voces: crecen las disidencias internas contra Trump y algunos republicanos, aún pocos pero influyentes, empiezan a perder el miedo a enfrentarse a la Casa Blanca.
Mientras los datos económicos no mejoren, Trump será cada vez más cuestionado y la ilusión por el resurgimiento del país se irá apagando de forma inevitable. Su debilidad política tenderá a aumentar conforme avance el nuevo año.
Por el lado ruso, cabe esperar una respuesta contundente y agresiva de Putin para torpedear la estrategia alemana. Así lo ha advertido con claridad la nueva jefa del MI6, el servicio secreto británico, Blaise Metreweli: “Rusia representa una grave amenaza para Europa mediante operaciones de sabotaje, asesinatos, ataques cibernéticos y el uso de drones”.
Metreweli, la primera mujer al frente del MI6, alerta de que el nuevo frente de combate de Putin se extenderá por toda Europa con el objetivo de propagar el caos. “No nos engañemos. Si no lo logramos, la capacidad de acción de la Unión Europea se verá gravemente dañada durante años. Demostraremos al mundo —afirmó Merz la semana pasada— que en un momento tan crucial de nuestra historia somos capaces de permanecer unidos para defender nuestro orden político”.
La trascendencia del desafío asumido por Merz es colosal. El liderazgo alemán frente a Trump y Putin no es solo un gesto político: el destino de Europa está ligado al futuro de Ucrania.
Si tiene éxito, el siguiente reto será situar al continente en condiciones de adaptarse a los profundos cambios tecnológicos para competir como gran potencia frente a China y Estados Unidos.
Para ello resulta imprescindible una voluntad política firme de Alemania. Se trata de una apuesta extraordinaria, comparable a la proeza china de las últimas décadas al transformarse de una sociedad rural en una superpotencia.
Dependerá, en definitiva, de que los propios europeos acepten o no el desafío de defender los valores de la libertad, los derechos humanos y la justicia social que constituyen la esencia de la cultura europea.
Emilio Sánchez Carlos es periodista.