"Llega mail sobre el festival del colegio. 'Navistad' se llama. En otros, 'Fiesta de Invierno' o 'Season’s greetings'. Lo que sea mientras la palabra Navidad no se vea mucho"
No estaría de más conservar alguno de los símbolos que conformaron lo que somos


Publicado el 11/12/2025 a las 16:55
Acabamos de volver de una escapada familiar a Londres y traigo el corazón movido. Por un cúmulo de circunstancias. Vaya por delante que han sido unos días tan agotadores como mágicos, un paréntesis emocional de esos que llenan de buenos recuerdos el álbum mental. Tiempo de calidad, que dirían ahora los guays, por el que nos sentimos profundamente agradecidos. Pero también dejan un poso de reflexión al concatenar varias escenas.
Siguiendo la regla de oro de las tres 'ces' que todo viaje debe tener (castillos, cervezas y catedrales) reservamos un día para conocer Windsor, refugio y morada última de los reyes de Inglaterra. Sin enrollarme con todo lo que se conserva allí sucedió que seguimos en primera fila el pintoresco cambio de guardia del castillo, banda militar, órdenes berreadas, sables al cinto y taconeos incluidos. Y los herederos fliparon.
En plena adolescencia, no podían entender qué función cumplía todo aquel despliegue de pompa. “¿Por qué están ahí quietos? ¿Qué sentido tiene?”, repetían. Y claro. Explicarles que esos soldados son un símbolo, un entronque palpable de tradiciones centenarias compartidas, que otros vivieron antes de igual forma, y muchos más vivirán después, les sonó a chino.
Pensaba en el valor de las tradiciones cuando nada más aterrizar nos asaltó un mail del colegio anunciándonos el festival de fin de año. Navistad se llama. En otros centros que conozco lo bautizan como Fiesta de Invierno o incluso Season’s greetings (“saludos de temporada”). Lo que sea mientras la palabra Navidad no se vea mucho. No lo entiendo. Y me apena. Las justificaciones las sé, desde la necesidad de ser inclusivos con otras religiones hasta la laicidad que debe mantener cualquier centro público.
Pero qué quieren que les diga. Fui a ese mismo colegio, con nombre de santo por cierto, y allí el Festival de Navidad era lo más esperado, con sus villancicos, teatros, pastorcillas, zurrones y belén viviente. Que hasta palos había por ser San José y llevar la barba postiza. E igual que nos lanzan ahora alegremente a festejar cualquier solsticio, carnaval rural o Halloween, pues no estaría de más conservar alguno de los símbolos que conformaron lo que somos. Los que compartimos toda una civilización. Igual aún no es tarde.