"Es martes. Cine a dos euros, un escándalo, si acreditas ser mayor de 65. La crisis en las salas la corrige la subvención del ministerio"

Actualizado el 11/11/2025 a las 08:46
Imagino a los jubilados que esperan en la cola del cine con el DNI en la mano. Si les quito las canas, las gafas de presbicia y los jerseys de pico podrían ser los mismos que se arremolinaban al final de los setenta en el Arrieta, el Avenida o el Carlos III. Hoy aguardan la fila en Golem para disfrutar de los beneficios de la edad. Es martes. Cine a dos euros, un escándalo, si acreditas ser mayor de 65. La crisis en las salas la corrige la subvención del ministerio. La revolución del pelo gris llena el cine con ayuda. No se tape la calva ni las canas. No oculte las gafas de cerca para leer los detalles en letra pequeña de la entrada. Si usted parece más joven pueden exigirle el carné de identidad. Como en los setenta. Entonces había que demostrar los 18 años. ¡Qué tiempos! Seguro que hoy comparten la cola algunos de aquellos que intentaban sortear el acceso sin la edad exigida. Despertábamos a la democracia y había hambre de cine. Las salas se llenaban de películas prohibidas por la dictadura. ¡Qué era luchar por una butaca si habían peleado pidiendo libertad! Vestían vaqueros acampanados, melena de “Los Bravos” y hasta botines con bolsillo para el tabaco y se enfrentaban al portero mirándolo sin pudor. Muchos lo intentaban. Y lograron el objetivo. Pero hubo quien se topó con el portero-hueso. En aquel tiempo un portero uniformado parecía un antidisturbios. Aguantaban la mirada al adolescente, lo radiografiaban con los ojos, serios, muy serios y sin decir palabra estiraban uno o dos segundos un silencio incómodo que duraba más que “Ben-Hur”. Entonces soltaban la frase-bomba:
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-Puede enseñarme el DNI?
El chaval, hoy un señor mayor, se reirá al recordarlo. Entonces se sentía pillado. Se rascaba la perilla como si los pelos incipientes picaran mucho. Ni siquiera ser descubierto iba a hacerle perder la dignidad.
-He olvidado el carné en el coche, respondía el chaval. Ya lo siento.
Confiaba en impresionar con la respuesta pero el portero era un veterano.
-Pues vaya usted al coche. No voy a moverme de aquí mientras dure la película.
Hoy con el pelo gris se acercará con su entrada al cine. Se restregará la perilla blanca, sonreirá al portero y recordando soltará con desparpajo: “Si tiene duda le enseño el DNI”.