"Pasarán los años y la palabra España seguirá provocando en gran parte de la población local extrañas convulsiones cercanas a las arcadas"

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Jose María Romera

Actualizado el 08/11/2025 a las 11:25

Pasarán los años y la palabra España seguirá provocando en gran parte de la población local extrañas convulsiones cercanas a las arcadas. Hace pocas semanas, en el corazón de la ciudad abrió un comercio de dulces de la marca "Sabor a España". A los pocos días, el brazo diplomático del entramado abertzale envió al local una representación amistosa. 

En una secuencia que bien podría haber rodado Scorsese, el cortejo invitó a los trabajadores a echar la persiana y salir pitando, so pena de verse alcanzados por la lluvia de huevos lanzados contra la tienda. Antes a esto se le llamaba atentado. Ahora no sé. ¿Visita de inspección, tal vez? 

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El caso es que desde entonces el comercio no luce rótulo alguno, lo cual produce en el cliente cierta sensación de clandestinidad, la sospecha de estar practicando una compra de riesgo, y no precisamente glucémico. Aunque se trata de una cadena repartida con el mismo nombre por varias capitales, hemos podido saber que en Pamplona pasará a llamarse "Maestros Turroneros". 

Es un sorprendente giro de 'naming' que renuncia al gancho de marca inspirado en la denominación de origen para inclinarse por el prestigio académico, menos potente pero más seguro. También podrían haber probado con "Sabor a Estado", según la solución habitual en estas tierras, pero para vender garrapiñadas casi que no. 

Unos días más tarde, la palabra España volvió a resonar en la ciudad por obra y gracia de un conocido usurpador que la ondea como bandera de agitación. Que Quiles (de nombre Vito, que parece otra incursión del cine de mafias en la realidad) fracasase en su intento de alborotar el campus universitario no impidió que el brazo callejero del entramado abertzale la tomara con un periodista del digital 'El Español', en unos términos cercanos al linchamiento. 

Haría bien Bildu en poner un poco de orden en el lado nervioso de sus bases. Pero prefiere que se le culpe antes que admitir que no puede con ellos. Quizá se deba a que hasta Bildu se hace un lío entre los de GKS, Ernai y Jardun, tres facciones que cuesta distinguir porque todas van como el Felipe IV de Velázquez en el verso de Manuel Machado: siempre de negro hasta los pies vestidos. Me pregunto si todo esto puntúa en las encuestas de calidad de vida en las que Pamplona sale tan favorecida.

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