"La reacción de los académicos no se hizo esperar. Pérez Reverte tildó a Montero de poeta mediocre y paniaguado, calificativos muy acordes a las antiguas peleas literarias"

Actualizado el 27/10/2025 a las 08:29
Hace ya semanas que el director del Cervantes, el poeta García Montero, arremetió sin previo aviso contra la Real Academia y su presidente, el jurista Muñoz Machado, lamentando tener que tratar con alguien que atiende en su despacho a multinacionales, así dijo, cuando él está acostumbrado a hacerlo con filólogos y gente de la cultura.
Debe ser terrible, al parecer, rebajarse tanto. Muñoz Machado es un jurista de prestigio y un ensayista notable, y su aportación para dirigir y sanear la Academia está siendo clave, lo que no debe gustar nada al lírico Montero, de reconocida lealtad al gobierno y, según muchos, peón de una operación orquestada.
La reacción de los académicos no se hizo esperar. Pérez Reverte tildó a Montero de poeta mediocre y paniaguado, calificativos muy acordes a las antiguas peleas literarias, algo que ya creíamos olvidado.
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Pombo, un anciano libre ya sin pelos en la lengua, dijo que es un intento de controlar la Academia y contaminarla, como ha hecho el sanchismo con todas las instituciones, y acusa a Montero de gozar de una subvención eterna -lleva 7 años ya en el Cervantes- y de ser un poeta blando y un comunista que, como todos, quiere ser millonario, y tiene vocación de burócrata.
Hay que decir que por mucho menos Valle Inclán perdió un brazo. Todo esto demuestra que ser poeta, en realidad, no garantiza nada, se puede ser muy mezquino, y que acusar a Machado de tener clientes importantes que le confían sus asuntos es una tontería. Lo malo es que fuera un zote y viniera a la Academia a arruinarla y a medrar. Tener a alguien así, junto a lingüistas y poetas, es algo muy bueno.
Un jurista también es un experto en las palabras y debe, como nadie, afinar su uso y cuidarlas con esmero, pues de quienes hacen las leyes y las aplican depende vida y haciendas, nuestra libertad o nuestra desgracia. Un jurista riguroso es alguien que tiene con el lenguaje un pacto muy estrecho, trascendental. Una figura más necesaria hoy que nunca cuando, según nos han confesado, hay gobierno de corrupción para rato.