"Ante el suicidio de Sandra pienso que los zapatos del bullying pueden tener tantas tallas como pies pisan un aula"

sevilla JOVEN SUICIDIO
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Flores y velas en el portal de Sandra, la joven que se suicidó el pasado martes en SevillaEFE
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Íñigo González

Actualizado el 24/10/2025 a las 12:09

Se llamaba Sandra, tenía 14 años y cuando debía estar empezando a planificar lo mejor de su vida decidió acabar con ella. No se me ocurre nada más paralizante para sus conocidos. Nada más aterrador para sus allegados. Ni nada más devastador para su familia. Por ello, a los que la querían, vaya por delante mi cariño. Porque si el drama del suicidio arrasa a todo y todos, cuando se disipa el humo de su explosión, y en el caso de un menor, el dolor debe ser inimaginable. 

Buscar motivos en una tragedia tan irreversible como la protagonizada por esta adolescente sevillana no tiende a llevar a buen puerto, más aún cuando en el suicidio no suele haber una sola palanca impulsora. Son muchas. Sin embargo, esta vez una palabra se ha repetido desde el minuto uno: bullying. También ha surgido un contexto; las redes sociales. Y es aquí donde el problema se dispara: señalamientos, amenazas, represalias, hostigamiento... todos los peligros posibles cuando la masa anónima muta en jauría. 

Pienso en todo esto al hablar con uno de mis hijos durante la comida. Al hilo de la catástrofe del caso Sandra acaban de recibir en el instituto la visita de la Guardia Civil para hablarles de los tentáculos del acoso escolar y el poder multiplicador que le ofrece la tecnología. Y claro. No sólo hay que ponerse en la piel de la víctima, del que sufre, sino también en la del que acosa. Y ahí la línea puede ser tan fina que lo que antes se tomaba como chanza hoy puede no ser tolerable en absoluto. 

“Pues yo le doy una chapada en broma todos los días a mi amigo R. cuando llegamos al autobús”, me dice M. “¿Y a él le gusta?”, inquiero yo. Pues tras preguntarle resulta que no. Que mucha gracia no le hacía. Así que toca disculparse y enmendar el error. 

Los zapatos del bullying pueden tener tantas tallas como pies pisan un aula y nunca está de más replantearse lo que hacía uno en sus tiempos, lo que hacen hoy otros y lo que podrían hacer mañana los demás. Por el bien de todos. Y porque no haya más desdichas como la de Sandra.

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