El lenguaje de Moscú

Actualizado el 23/10/2025 a las 23:29
Mientras Trump esperaba la respuesta de Putin a su propuesta de una cumbre para hablar de un alto el fuego en Ucrania, el presidente ruso respondió con unas alarmantes maniobras nucleares que incluyeron el lanzamiento de misiles desde tierra, mar y aire. Está claro que las intenciones del Kremlin no son pacíficas.
Los años de guerra en Ucrania deberían haberlo dejado ya muy claro. Los sabotajes en el mar Báltico, las incursiones en el espacio aéreo de países fronterizos y los ataques cibernéticos, también. Este último espectáculo de fuerza, sacando al escenario la amenaza nuclear, proclama que los actuales dirigentes del Kremlin no quieren ni por asomo la paz, sino el dominio a través de la fuerza y el miedo. Un dominio que quieren extender a la mayor parte de Europa.
Todo esto se ha producido en medio de un nuevo esfuerzo para lograr un alto el fuego en Ucrania que ha fallado ante los bandazos que ha dado el autoproclamado mediador Trump. En poco más de una semana, pasó de decir que creía que Ucrania podía terminar esta guerra recuperando todo su territorio a sugerir que rusos y ucranianos dejen de pelear y “se vuelvan a casa” dejando las cosas en la línea actual del frente, para terminar exigiendo al ucraniano Zelenski que entregara a Putin más territorio del que ha invadido. Por medio hubo una llamada de Washington a Moscú.
Cada vez que Trump llama a Putin o se encuentra con él, el ruso se sale con la suya y los planes de la Casa Blanca, que normalmente el presidente adelanta en su red social o en ruedas de prensa improvisadas, se vienen abajo.
En Rusia, el lenguaje de los dirigentes políticos es cada vez más agresivo. El portavoz de Putin, Dimitri Peskov, dijo el martes que en este asunto de Ucrania son los países europeos los que no quieren la paz y están haciendo “preparaciones continuadas y extensivas para un conflicto armado potencial con Rusia”. Putin está jugando con la amenaza de otra gran guerra europea.
De momento, lo que tiene es la guerra de Ucrania que no logra ganar. La propaganda rusa se niega a calificar lo que hace ahí como guerra y lo llama “operación militar especial”, a pesar de los años de combates, la destrucción y las innumerables víctimas. Pero, eso sí, cuando un país ajeno al conflicto protesta porque un dron ruso le invade el espacio aéreo, entonces eso es un acto formal de guerra contra Rusia.
Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos ha salido del paquete de los enemigos de Moscú. La propaganda del Kremlin afirma que los países europeos buscan la “derrota estratégica” de Rusia y “no han cambiado de postura a pesar del cambio de la Administración en Estados Unidos”, que es “el líder de facto de la OTAN” y “está empeñado en un abordaje más constructivo en las relaciones con Moscú”.
Desde que se ha producido ese cambio en Washington y especialmente desde la cumbre que mantuvieron Trump y Putin en Alaska, el ruso se ha lanzado a una escalada de agresividad e intimidación contra Europa que no parece tener freno. Hay países que han estado muy cómodos mirando para otro lado cuando la seguridad parecía garantizada, pero los tiempos han cambiado.
Olga Brajnovic es periodista.