Las provocaciones de Putin elevan el riesgo

Los aliados de Ucrania deben acelerar una respuesta adecuada a la creciente amenaza rusa en forma de envío de drones y aviones de combate a espacios aéreos y marítimos europeos

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Editorial DN

Publicado el 08/10/2025 a las 05:00

Imposible pensar ya en incidentes aislados. Ni especular con posibles “errores”, como intentó Donald Trump cuando diecinueve drones violaron el espacio aéreo de Polonia el 11 de septiembre. 

En las últimas semanas cada vez más países que pertenecen a la Unión Europea y a la OTAN sufren incursiones de distinta gravedad por parte de aparatos no tripulados: Rumanía, Noruega, Dinamarca, Alemania o Bélgica. Tampoco Estonia se libró de un episodio aún más severo, doce minutos de sobrevuelo de tres cazas rusos armados el día 19, la misma jornada en la que otros dos aviones de combate se acercaron a una instalación petrolífera polaca. F-35 de la Alianza Atlántica tuvieron que expulsar a los intrusos. 

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El Kremlin niega una y otra vez la paternidad de este peligro creciente. Más allá del sobresalto en el corazón de una Europa que sufre, desde hace casi cuatro años, la guerra desatada por Vladímir Putin en Ucrania, la amenaza híbrida plantea un riesgo cierto para la seguridad aérea. 

Pueden atestiguarlo el hackeo del GPS del avión que trasladaba a la presidenta de la Comisión Europea a Bulgaria, a finales de agosto, o el posterior intento de perturbar el vuelo a Lituania de la ministra española de Defensa en las cercanías de Kaliningrado. 

Y tampoco la marítima se libra de agitación. Dinamarca denuncia repetidas provocaciones en sus estrechos, con buques rusos en rumbo de colisión o que apuntan sus armas contra barcos daneses. Cada vez más frustrado en su prolongado intento de apoderarse de Ucrania, Vladímir Putin trata de agrietar el apoyo a Kiev de la UE y la OTAN. Pone a prueba la eficacia de los sistemas defensivos del flanco oriental de la Alianza e intenta que los europeos vivan con miedo. 

Los múltiples encuentros de estos días deben acelerar una respuesta adecuada al atrevimiento ruso, que no pasa necesariamente por derribar aeronaves sino por hacer que Moscú desista de lanzarlas. Una tarea que necesita avanzar en el bloqueo de los petroleros clandestinos en el Báltico, mantener la colaboración de EE UU y aprovechar el acreditado potencial de Ucrania.

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