"La elección de Lecornu como primer ministro francés puede ser arriesgada, pues es difícil que pueda imponerse en el guirigay de la Asamblea"

Publicado el 15/09/2025 a las 05:00
Francia está revuelta tras la crisis ocasionada por la pérdida de la moción de confianza del antiguo primer ministro, François Bayrou. Su posición de alto riesgo, tratando de resolver su estabilidad presupuestaria con la invocación del articulo 49 de la Constitución, se ha saldado con su dimisión apresurada. El responsable de esta crisis, como de las anteriores, es el propio Macron, pues ha “quemado” a tres primeros ministros: Gabriel Attal, Michel Barnier y Bayrou, cuando el error de fondo no es otro que la decisión del presidente Macron debe convocar elecciones legislativas tras los malos resultados para su formación y para la mayoría gubernamental resultante de las elecciones europeas de mayo de 2024.
El remedio ha sido peor que la enfermedad, pues Macron no tiene mayoría en la Asamblea Nacional para cohabitar como hicieron en otros momentos históricos tanto Mitterrand como Chirac. Jacques Chirac pagó caro su error de convocar elecciones legislativas en 1997 después de ganar las presidenciales, al tener que cohabitar con el socialista Lionel Jospin (1997-2002). Pero la tragedia de la 'France' de hoy día es que Macron no tiene con quien cohabitar, pues los socialistas han desaparecido casi de la Asamblea Nacional y las dos fuerzas con mayor número de escaños, tanto Marine Le Pen como Mélenchon con su Francia Insumisa, no pueden sumar porque su objetivo final es que Macron dimita. Es imposible unir el agua y el aceite.
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En tal situación, el nombramiento del antiguo ministro de Defensa Sébastien Lecornu (macroniano puro), casi veinticuatro horas después de la caída de Bayrou, ha incendiado París espoleado por Francia Insumisa, que ha puesto al país galo en situación de prevención en materia de orden público. Macron, el irresistible Emmanuel Macron, el chico listo que quiso gobernar con lo mejor de la izquierda y de la derecha, está fracasando en su segundo mandato. Es cierto que la solución a la crisis actual solo podía resolverse, no sin dificultades, con un gobierno de concentración nacional —de muy difícil conjugación— o con la convocatoria de elecciones.
Se ha hablado del ocaso o de crisis de la V República, aquella que se creó en 1958 tras la crisis de Argelia y tras aceptar la Asamblea Nacional el envite del general Jacques Massu, que amenazó con un ataque de tropas paracaidistas en París si no se elegía presidente al héroe de la II Guerra Mundial, el general De Gaulle. La IV República cayó con el último Gobierno centrista de Pierre Pflimlin y la 'France' del general De Gaulle ha tenido estabilidad durante casi setenta años.
Pero parece que nada es eterno. Tres primeros ministros caídos en menos de un año acerca las crisis de gobierno de Francia a la Italia anterior a Berlusconi. Es cierto que, tras más de sesenta años de presidencialismo, la figura del presidente de la República está salvaguardada, puesto que está sometido solamente a la acusación de alta traición ante la Haute Cour de Justice (art. 68 de la Constitución).
La elección del exministro de Defensa, Lecornu, puede ser una decisión arriesgada, pues es difícil que pueda imponerse en el guirigay resultante en el Palais Bourbon, sede de la Asamblea, incluso si se enrolla en la bandera tricolor para defender 'la grandeur de la France' en el concierto internacional actual. Sacar adelante los presupuestos, cosa que para nuestro Pedro Sánchez es una cuestión sin importancia, produce la caída de los gobiernos que solo miran al sol y hacen declaraciones políticas. Gobernar es decidir y decidir bien y sin medios presupuestarios es imposible, salvo gobernar a lo Pancho Villa, como se hace hoy en España. Macron tiene un problema y Lecornu no parece la mejor solución. Pero el tiempo dirá.
Manuel Pulido Quecedo. Abogado y doctor en Derecho.