"Más que tener razón, para hacerse oír hoy lo que cuenta es conseguir 'clickbaits' y seducir al algoritmo de posicionamiento en Google"

Actualizado el 12/09/2025 a las 22:29
El censo de 'influencers' en España es el más elevado de Europa, en torno a 200.000 criaturas. Y en España se publican al año 90.000 libros, otro récord continental. Así que toca a un libro por cada dos 'influencers', que si comparten la labor de leerlo quizá puedan culminarla con éxito.
Hay que dar un margen de confianza a las nuevas profesiones. Hace poco, una de estas celebridades del momento se ha pronunciado en sus redes sobre los hábitos de lectura y ha declarado que leer no nos hace mejores. Lo hacía después de explicar a sus seguidores por qué no se ven libros en las paredes de su salón.
Es decir, que la petarda no hablaba de hábitos de consumo cultural sino de decoración de interiores. Eso no fue óbice para que en medios más informados se desencadenara un vivo debate sobre la cuestión. El abordaje de asuntos serios a partir de circunstancias banales ya se ha hecho habitual en el país.
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Digo yo que también habrá influido la apertura del curso escolar y la costumbre de empezarlo en las aulas con una redacción, a modo de calentamiento. Solo que quien ha mandado la tarea no es precisamente la profe de lengua. Quizá sin pretenderlo, la 'influencer' ha movilizado en plataformas que se las dan de serias a letraheridos, críticos, editorialistas, bibliotecarios, libreros y otros hijos de Gutenberg, y no solo eso: en sus aportaciones al tema la mayoría parece haber olvidado sus habilidades y ha consentido en intervenir según las pautas de debate marcadas por la 'influencer' ilustrada.
Esto es, trazo grueso en las opiniones y perfil bajo en los razonamientos. Lo cual vuelve a demostrar que quien propuso llamar "creadores de contenido" a los de este gremio era una persona proclive al optimismo. No es casual que los titulares de la mayoría de los escritos de prensa publicados sobre el tema incluyeran innecesariamente el nombre y el apellido de la muchacha.
Más que tener razón, para hacerse oír hoy lo que cuenta es conseguir 'clickbaits' y seducir al algoritmo de posicionamiento en Google. En resumen, el reto a pensar si la lectura nos hace o no mejores ha dado pobres resultados. Pero a cambio ha servido para ver a nuestros pensadores haciendo cosas de 'influencers'. Otro pequeño empujón hacia el analfabetismo funcional al que nos encaminamos con entusiasmo.