Cartas de los lectores
Añoranza de fiestas


Publicado el 30/08/2025 a las 05:00
Cuando, por la razón que sea, no se acude a las fiestas del pueblo, en nuestro interior siempre queda algo de tristeza y, en mi caso, también de nostalgia. Te acuerdas de tu cuadrilla, formada, desde sus orígenes, por quintos y por los que se adhirieron después. Vestimos de blanco y rojo, al igual que todas las demás y vecinos del pueblo, más aquellos que nos visitan en tales fechas.
Hace años que mis amigos dejaron de lucir su emblemático blusón de “Los imposibles”, diseñado con cuadrados de expresivos colores que yo nunca pude usar por estar estudiando Teología en Salamanca.
De todos modos, con blusón o sin él, nos hemos sentido unidos por vínculos naturales de edad, escuela (Sor Laura en la enseñanza elemental, D. Alfonso, D. Carmelo y D. Eustaquio en etapas posteriores) además de por aficiones comunes que nos han ligado con sentimientos de perenne amistad: como el modo de vivir la fiesta, tanto en época de corrida de toros, como en las vaquillas por la Calle Mayor, y andar junto a la charanga con paradas de obligado cumplimiento en “El gato”, “La Puñesa”, “Titorra”, “Círculo” y “Torres”, para que los músicos restauren fuerzas; mientras que nuestros mejores cantores (Gabriel, Julio, Jaime…) entonan jotas y rancheras a pleno pulmón, y el mismo Jaime nos deleita con proverbios y refranes de su propia cosecha, o Mina nos hace reír a carcajadas con sus improvisadas extravagancias.
Así, hasta repetir el recorrido de la charanga con las mismas pausas y finalizar en la Plaza Mayor, para disfrutar de las luces y estampidos del “torico de fuego”, antes de cenar en el “Dantzari”, “La Central” o “El Chalé de Teo”, para animarnos de nuevo en “La Saira-metal rock”, “Guateque Guarni” o la verbena de la “Plaza del Kiosko”.
Fidel Eguaras Monreal