Los ministros-tuit y la ingobernabilidad

Este Gobierno no aprende de los errores tras la dana y ahora los incendios. olvidando que el Estado es el garante de la solidaridad nacional, cosa que brilla por su ausencia

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Manuel Pulido

Publicado el 25/08/2025 a las 05:00

¡Vaya verano! La descomposición política del curso pasado, con la guinda en Navarra del caso Cerdán-Servinabar y sus ramificaciones, todavía no aclaradas, y que pueden llevarse al Gobierno foral por delante, como en tiempos de Urralburu y Otano, se ha complicado con un verano de incendios con el Gobierno central ausente. Todo el Gobierno de veraneo, en muchos casos con cargo al presupuesto, sea Sánchez en La Mareta (Lanzarote) o con el cachondeo y desatención de los tuits del ministro Puente (Transportes), con Marlaska desaparecido y los responsables de Agricultura y Transición Ecológica sin resolver nada.

Algunos dirán que los ministros tienen derecho al descanso, si bien habrá que añadir si han hecho algo de provecho, siendo además de aplicación aquella máxima del general De Gaulle, cuando le reprochaban que exigía demasiado a sus ministros, a lo que respondió que ya descansarían cuando los cesase. A última hora y con media España incendiada ha aparecido el ausente Sánchez remoloneando (o, al menos, sin resolver ni dar órdenes de gobierno y movilizando a sus ministros) de La Mareta, donde ha lamido sus heridas.

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Sin política exterior (ninguneado en Europa y en la cumbre de Ucrania de la Casa Blanca), con el ministro de Exteriores con una agenda única consistente en incorporar como lengua comunitaria el catalán en las instituciones europeas (guerra perdida); sin política universitaria ni educativa, con una ministra de Ciencia y Universidades impropia para tal empresa, Diana Morant (ex alcaldesa de un municipio veraniego como Gandía, 80.000 habitantes), que al parecer no da mérito alguno en tener algún conocimiento o cualificación para desempeñar cargos de importancia pública; con los trenes, en especial el AVE (la joya de la corona), con retrasos inadmisibles, y el campo y el monte, arrasados, mientras que la política ecológica (mal interpretada por los urbanitas de turno) nos ha conducido a una situación esperpéntica en materia de limpieza y cuidado de montes, ribera de los ríos, prohibición de la caza para evitar la sobrepoblación de especies dañinas... Y ya, para poner la guinda, con el Defensor del Pueblo (de los derechos humanos) dedicado a interponer recursos de inconstitucionalidad para proteger al lobo. La verdad es que el panorama de desgobierno parece de libro.

La política ficción o política de espectáculo parece haberse instalado en nuestro país, con ministros quemados (Marlaska, Puente, la vicepresidenta Díaz y toda su cohorte de ministros populistas, que no sabemos qué hacen desde que el exministro de Consumo Garzón prohibió comer chuletones o el meritorio Bustinduy (hijo de un gran ingeniero y de la exministra de Sanidad Amador), que le ha sucedido, empeñado en causas perdidas como la guerra con Ryanair, que seguramente va a perder... Prefiero no seguir con la sanidad, Correos...

Algunos dirán que “España va bien, creciendo más que la media europea”, debiendo recordarse que sin el manguerazo de los Fondos Next Generation (más de 140.000 millones de euros ), este Gobierno no hubiese aguantado. A cualquier español con algún sentido de país no le gustaría tener que volver sobre las advertencias de Ortega y Gasset hace un siglo sobre el desprestigio de la Restauración alertando acerca de los males de la patria. Pero, en cualquier caso, así no se puede seguir gobernando el país.

Con todo, el presidente Sánchez más, demacrado pese a las vacaciones, pretenderá resistir. Si lo hace, que al menos cambie este Gobierno de gente inapropiada para gobernar y procure llegar a algún acuerdo de Estado con la oposición, no con los independentistas y aliados, mas allá de la ocurrencia del pacto de “emergencia climática” o contraincendios, cuando ha sido en parte la política de su Gobierno en Transición Ecológica (Teresa Ribera) la culpable de muchos de los males que nos ofrecen esa imagen dantesca de país incendiado, en concurso con otros factores que habrá que aclarar.

Este Gobierno no aprende de los errores tras la tragedia de la dana de Valencia y ahora la España quemada, olvidando que el Estado es, en último extremo, el garante de la solidaridad nacional, cosa que brilla por su ausencia. Este país necesita un presidente con cordura, decisión e ideas (buenas y no descabelladas) para gobernar este país.

Manuel Pulido Quecedo es abogado y doctor en Derecho.

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