El currículo, enfermedad cultural de los políticos
Si en todos los puestos públicos se exigiera exhibir la vida laboral y académica, nadie falsificaría ni añadiría títulos que no tiene. Para eso existen las fotocopias compulsadas

Publicado el 13/08/2025 a las 05:00
Cuando hablamos de currículo nos referimos a un documento que resume la experiencia laboral y de formación de una persona. No confundirlo con el currículo educativo, que es el plan de estudios de un programa a nivel de enseñanza para los alumnos. Es de todos conocido 'curriculum vitae' (CV). Sin embargo, el vocablo latino ha podido vulgarizarse y decimos currículo. Este vicio de inflar o de engordar la carrera laboral podría entenderse en los años 60 y 70, porque muchos padres carecían de recursos económicos para que sus hijos obtuvieran una carrera y porque había pocas universidades en el territorio español. Antes, el título universitario era un pasaporte para acceder a una escala social superior, pero en pleno siglo XXI, que existen becas y facilidades para conseguir poco a poco una graduación, simultaneando trabajo y estudio, no tiene sentido esta obsesión por agrandar nuestro “historial”.
Estas semanas nos hemos desayunado con un auténtico tsunami de personas que han causado baja en sus trabajos al descubrirse sus mentiras descaradas sobre los títulos por su ego y marketing personal. La “titulitis” se ha convertido en un mal crónico en España con carencia de escrúpulos. Lo importante es acumular falsas graduaciones, licenciaturas, másteres o doctorados. Lo que vale hoy en día son las distinciones académicas, la apariencia. Un político sin un currículo extenso, repleto de másteres de las prestigiosas universidades del mundo, es un don nadie. En el Congreso y Senado, cada cargo público rellena su “hoja de vida” y nadie la comprueba. Si se le pilla y miente, solo se exige rectificación y no hay verificación de las instituciones. Revisemos también los parlamentos autonómicos.
Muchas personas que ejercen una función pública poseen ya una enfermedad cultural, para ello no tienen remordimiento de conciencia en falsificar, mentir o jurar algo que no poseen. El tema viene de años: Tomás Burgos, Ignacio Higuero, Gema Igual, Cristina Cifuentes, Joan Ortega o Pilar Rahola. En la actualidad se ha comenzado con la ministra socialista Carmen Montón, después con la joven Noelia Núñez, del PP, que no había completado sus estudios; le sigue Pilar Bernabé, que no ha finalizado sus estudios en Filología Hispánica y Comunicación o José M. Ángel Batalla con su graduado en Archivística. Existen dudas sobre la ingeniería de Patxi López, el máster de Óscar Puente o Juanma Moreno con su “currículo menguante”.
Por otra parte, los partidos políticos se encuentran con las nuevas generaciones, cachorros, donde muchos de ellos suspiran por obtener cargos con sueldos públicos sin preparación académica, pero con una desmedida obsesión política, capaces de inventarse un capazo de títulos. Por tanto, esta sociedad necesita una revisión curricular ante los múltiples errores y exageraciones. Si en todos los puestos públicos se exigiera exhibir la vida laboral y académica, nadie falsificaría ni añadiría títulos que no tiene. Para eso existen las fotocopias compulsadas.
Con esto no quiero decir que las personas sin título académico no sean válidas para ejercer puestos en la administración. Muy al contrario, hay personas con grandes dotes para ser un buen ministro (José Luis Corcuera), un buen parlamentario, embajador, concejal, pintor o albañil. Lo importante son las capacidades reales, pero nadie podrá ejercer de médico, maestro, arquitecto o de abogado sin la titulación correspondiente.
Ante todo este desmadre de “titulitis”, nos preguntamos: ¿el currículo de los políticos se ha convertido en género literario de autoficción? ¿La Real Academia tendrá que añadir una nueva sección en literatura? Necesitamos honestidad y transparencia; basta ya de coleccionar diplomas falsos en busca de complacencia y ascenso político. No añadamos más desprestigio a esta clase de políticos.
Luis Landa El Busto. Escritor e historiador