"Abre su libro decidido con la intención inequívoca de bucear en sus páginas hasta agotarlo. Antes, acabará con la cerveza"

Actualizado el 21/07/2025 a las 23:41
Tumbado sobre la hamaca el bañista entreabre un ojo, solo uno, retando al sol que lo deslumbra. Se despereza de una siesta larga y lo hace peleando contra la inercia de seguir dormido. Se pone a funcionar como quien arranca un motor viejo que cuesta conectar. Activa los oídos y por ahí le llega el rumor del agua y las risas de los niños que chapotean en la piscina. Después, el olfato. Huele a hierba y a parrilla. A costillas a la brasa que alguien prepara en los asadores cercanos. Por fin, la vista. Suma el ojo izquierdo al derecho que abrió y el sol se le revela espléndido en una tarde gloriosa. Disfruta de un mar de césped salpicado de hamacas en las piscinas de San Juan y siente cómo entre ellas se cuela una brisa suave y sostenida.
Nota el vientecito y cree por un instante que va a quedarse a su lado, pero se va. Serpentea entre los árboles y produce un rumor amable, atraviesa el kiosco de los helados, la barra del bar, da un giro y de nuevo la brisa lo alcanza de lleno y le alivia del calor. Respira, por alguna razón sonríe y se ve en medio de un equilibrio de cielo, tierra, sol y aire al que colaboran la yerba, el agua, las hojas de los árboles y la hamaca. Es como si su sosiego formara parte de un entramado en el que cada elemento se implica en la calma obtenida. Bebe de un botellín y la boca se le llena de un agradable sabor a cerveza fría. Abre un libro y se dispone a leer.
En unos segundos parece sumergido en el argumento de la novela pero duda. Levanta la vista de las páginas. Mira en derredor. No quiere irse todavía de ese mar de césped, del murmullo del agua y niños. Contempla de nuevo el cielo, inhala el aire de la tarde, cierra un instante los ojos y se observa mecido por la sensación de movimiento que producen las nubes cuando las miras fijamente. Descubre que el azul se decolora aquí y allá y semejante ejercicio renueva su conexión con el entorno. Ahora, sí. Abre su libro decidido con la intención inequívoca de bucear en sus páginas hasta agotarlo. Antes, acabará con la cerveza.