"En qué momento se jodió todo, en qué momento perdieron los principios, si es que los hubo, y ganaron los intereses y llegamos a esto"

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Pedro Charro

Actualizado el 22/06/2025 a las 22:05

Dice Chivite que Alzórriz -el que llamaba hienas a quienes tenían sospechas de Cerdán- tuvo que dimitir por cometer un error al no comunicar que su pareja trabajó en Servinabar, ya es casualidad, y que confiar en él fue sin duda un error, pero que el gobierno no tenía ni idea de que este Cerdán, víctima de las hienas, estuviera detrás de la empresa adjudicataria de obras, estaba pues en un error. Todos cometemos errores, se dice, y eso me ha hecho recordar a Sartre, quien dijo en su día que un error repetido es una elección. Lo que es una gran verdad. Ya hubo una primera vez aquí, Urralburu, Roldán y cía, y lo de ahora parece calcado, la mordida y la comisión. No hemos avanzado nada, si acaso todo más sórdido y grave, lo que uno dice se queda corto, el artículo queda trasnochado, vamos siempre detrás de algo peor. Hay que preguntarse si es posible gobernar así, teniendo que limpiar la casa y salvar el pellejo, pendiente de lo que salga mañana. Como si esta degradación fuera algo nuevo, como si no hubiera que estar advertido, cuando en realidad este latrocinio, que no se ha sabido impedir ni asumir, no es el mayor pecado. 

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Más grave ha sido la demostración de que todo vale por conseguir el poder, el obsceno reparto de puestos, el abandonar la causa -en pocos lugares como aquí tan necesaria- de un partido de izquierda netamente constitucionalista y español, bien pertrechado de argumentos, que plantara cara al particularismo y la desigualdad que representa el nacionalismo, en vez de dejarle el campo libre y terminar aupando a los sillones a su versión más ultra. Abrir ventanas al mundo, huir del victimismo, rechazar la pretensión de separarnos del resto de ciudadanos de España, como si fueran extranjeros. Que gran labor para una izquierda verdadera. En qué momento se jodió todo, en qué momento perdieron los principios, si es que los hubo, y ganaron los intereses y llegamos a esto, es la pregunta de hoy y de ayer. Por eso hay que llorar. Porque ya no hay excusa. Porque contritos y sorprendidos parece difícil que puedan reaccionar.

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