"Si los más grandes futbolistas después de triunfar en primera se pasearon por la segunda y tercera división, ¿no voy a ser capaz de hacer lo mismo por las divisiones modestas de la vida?"

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Jose Murugarren

Actualizado el 09/06/2025 a las 23:50

Abro el periódico y leo que la esperanza de vida sobrepasa los 84 años y me digo, ¡bien! Un párrafo más abajo reparo con estupor que el tiempo de calidad, el que incluye plenitud de facultades, dice un experto que no supera los 64. La noticia me revuelve como un jarro de agua helada. Recapitulo el itinerario cubierto y pienso que a la velocidad de la vida más pronto que tarde soñaré con la prórroga. Salgo al ascensor y el vecino del tercero, un chico de 17 años me cede el paso. La dependienta de la panadería me trata de usted. Cuando pido café sonríe y pregunta: “¿se lo pongo con leche o cortado?”. Definitivamente me ha retirado el tuteo. Comento con el hijo de un amigo que yo también hice selectividad y él, que parece poner distancia, menciona que lo que ha hecho él es la PAU. Insisto en que la una y la otra son lo mismo y que la única diferencia son los años que median de la mía a la suya. 

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“Pues eso”, remarca y juraría que lo hace con retintín: “que eran otros tiempos”, se solaza el chaval y me deja ahí más cortado que el café que me estoy tomando. Por un instante, me veo como un dinosaurio acudiendo al examen con carpeta, libro y apuntes. Nunca dudé de que la vida es un momento entre dos eternidades que dijo Santa Teresa. La que hubo antes y la que ella garantizaba para después, pero voy a saltar del instante a la segunda eternidad me gustaría hacer unas cuantas cosas. Camino de casa el cristal de un escaparate me devuelve la imagen de un tipo con una barra bajo el brazo.

 ¿Cuántos años te echarías si no supieras cuántos tienes?, me digo contemplándome. Pasan diez, treinta segundos, dos minutos.., hasta que la dependienta de la tienda a quien conozco sale del local y me pregunta: “¿Te ha gustado algún zapato?”. Y su interrogante me saca de mis cavilaciones. Balbuceo una respuesta que no es ni sí ni no ni nada determinante. “Osea, me repito, 84 años y 64 de ellos en puestos de 'champions'”. ¿Y cuál es el problema si esto es un regalo? Si los más grandes futbolistas después de triunfar en primera se pasearon por la segunda y tercera división, ¿no voy a ser capaz de hacer lo mismo por las divisiones modestas de la vida? Y me regresa la calma. ¡Te veo muy bien!, suelta la dependienta y me rescata de la confusión que atravesaba frente a su escaparate. No hay otra salida. Envejecer parece ser la única manera de vivir mucho tiempo.

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