"Si ya es difícil entenderse dentro de hablantes de la misma lengua, perdidos como estamos en interpretaciones y malentendidos, imagínense"

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Pedro Charro

Actualizado el 01/06/2025 a las 23:39

El gobierno ha vuelto a fracasar en su intento de que catalán, gallego y euskera sean lenguas oficiales de trabajo en la Unión Europea, y ello a pesar de que desde el principio se había aclarado que nosotros íbamos a correr con todos los gastos, no pequeños, por cierto. Con nuestro dinero, ya se sabe, pelillos a la mar. Esto se veía venir, no en vano allí ya tienen que traducir todo a 24 lenguas, trasponer a ellas todas las normas, tanto las de ahora como las miles del acervo comunitario, atender preguntas y requerimientos en cada una de ellas etc... lo que hace que entenderse sea algo casi imposible y que a veces lo que se dice en finés sea lo contrario que en polaco, o no se parezca mucho, pues las palabras las carga el diablo. 

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Si ya es difícil entenderse dentro de hablantes de la misma lengua, perdidos como estamos en interpretaciones y malentendidos, imagínense. Pero sumar nuevas lenguas, además, era abrir la puerta a que muchas otras lo pidieran. El friulano, el ruso que se habla en el Báltico y decenas más, muchas con los mismos derechos y hablantes que las de aquí. Todo hace recordar a la famosa torre de Babel, con la que Yavhe castigó la osadía de los hombres que querían llegar hasta el cielo. Es difícil que Europa funcione así. Sin embargo, este asunto ha sido un tema central en la labor del gobierno y de su presidente quien debió pedir personalmente a sus homólogos el apoyo a esta medida, como si no hubiera otros asuntos más importantes, logrando al parecer bellas palabras. 

En realidad el asunto de la oficialidad en Europa del catalán es una promesa del gobierno a Puigdemont para lograr su apoyo y llama la atención, por cierto, que siendo Cataluña una comunidad especialmente empeñada en convertirse en monolingüe, negando que el castellano sea allí lengua vehicular en educación y poniéndole todo tipo de trabas, predique en Europa lo contrario. Entretenidos en estos asuntos, asistimos al despropósito cada vez mayor de esta legislatura, con sus fontaneros y sus chapuzas, en la que nada logra ya asombrarnos.

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