Cónclave y espectáculo televisivo
"Aquí, gente que, ni por asomo se quiere acercar a la Iglesia, les dice a los cardenales qué hay que hacer"

Actualizado el 16/05/2025 a las 23:28
La elección de cada Papa deja siempre episodios sorprendentes entre algunos opinadores de la prensa española . En este caso, la elección de León XIV ha presentado estos comportamientos corregidos y aumentados. Resulta que en el mes que ha pasado desde el fallecimiento del papa Francisco hasta la elección de León XIV, las tertulias de varias televisiones (TVE incluida) se llenaron de opinadores que se confiesan ateos (están en su perfecto derecho) pero que pontificaban (nunca mejor dicho) sobre cómo tendría que ser el nuevo Papa. No solo en aspectos “políticos” sino en morales, espirituales y hasta pastorales. Mientras los católicos esperábamos con respeto, ilusión y prudencia la elección, en estas tertulias, en las que me atrevo a decir que entre los cinco intervinientes no juntaban una misa en los últimos seis meses, se permitían dar instrucciones a los cardenales para el cónclave. Es como si yo me meto en las elecciones de la Peña Bética de Triana. Ni soy bético, ni soy de Triana, ni lo voy a ser. Y desde luego, no seré tan aventurado para decir a quién tienen que elegir y qué líneas de actuación tiene que adoptar el elegido.
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Pues aquí, gente que, ni por asomo se quiere acercar a la Iglesia, les dice a los cardenales qué hay que hacer. “Hay peligro de elección de un candidato ultra”, decían los rótulos. “Tienen que evitar que gane fulano”. Traduciendo, un candidato “ultra” era, para estas televisiones, aquel, que, por ejemplo, está en contra del aborto, como estamos los católicos que defendemos al más débil, al que no tiene voz. Con un infantilismo digno de Sálvame, clasificaban a los cardenales en uno u otro “bando”. Reducían años de estudios, de escritos, de reflexiones y de vivencias a “ultra” o “progresista”. Hemos visto escenas sonrojantes de reporteros persiguiendo a cardenales por el Vaticano y acosándolos con preguntas como si fueran futbolistas a la salida de un partido o folclóricas en la estación del AVE. No, los cardenales son gente culta y educada y de respuestas profundas y elaboradas.
Pretender que contesten mientras andan por la Plaza de San Pedro a un reportero con nula cultura religiosa con preguntas como “¿Está usted a favor de la apertura de la Iglesia?” o “¿Quién es su favorito”? es, además de una falta de respeto, una manera de hacer el ridículo. No son concursantes de un reality, son cardenales. Así que, como decía Chapu Apaolaza en un artículo muy bueno, los católicos éramos probablemente los menos preocupados por el cónclave. Sabíamos de la sabiduría de los cardenales, del Espíritu Santo que les guía y de la fortaleza de la Iglesia. Son otros, los que quieren convertir todo en un espectáculo, los que llevaron el circo a esta elección, y a los que ahora ya, pasado el espectáculo, la Iglesia les vuelve a importar un comino.