Opinión

Letrinas en San Jorge

"Puedo imaginarme la llegada o salida de cualquier ejecutivo de alguna multinacional que quiera invertir en Navarra, que le dé un apretón antes de poder subirse al tren y que su interlocutor navarro le señale la letrina"

Los dos baños provisionales, instalados en la estación de Renfe de Pamplona
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Los dos baños provisionales, instalados en la estación de Renfe de Pamplona
Los dos baños provisionales, instalados en la estación de Renfe de Pamplona

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Álvaro Miranda

Actualizado el 08/05/2025 a las 23:39

Éramos pocos, y en la estación de tren de San Jorge ya no hay ni servicios públicos. Perdón, si que hay. Son dos garitas, una para hombres y otra para mujeres, que acaba de colocar ADIF para que los viajeros o viajeras que salgan o lleguen a Pamplona puedan aliviarse en mitad del andén. Si en materia ferroviaria pensábamos que con el tranvía a Zaragoza ya no podíamos ir a peor, está claro que el Ministerio de Movilidad Sostenible y sus ramificaciones Renfe y ADIF, nos tienen reservados a los navarros, y a aquellos que nos vistan, cosas que todavía no podemos ni imaginarnos.

Ninguna capital de Comunidad Autónoma española ha caído tan bajo. Ninguna capital de Comunidad Autónoma tiene esta tarjeta de presentación como punto de entrada a la ciudad. Puedo imaginarme la llegada o salida por la Estación de San Jorge de cualquier ejecutivo de alguna multinacional que quiera invertir en Navarra, que le dé un apretón antes de poder subirse al tren y que su interlocutor navarro le señale la letrina. Por cierto, ni cubiertas por la marquesina. Es posible que diga que hasta aquí hemos llegado.

Puede ser que dentro del inmenso caos ferroviario que vive el país, un día sí y otro también, los retretes de la estación de San Jorge de Pamplona sean, para el ministerio, algo absolutamente insignificante. Menos que una mota de polvo dentro de la carbonera que tienen montada. Pero para nosotros, los navarros y navarras que queremos que, de una vez, nuestra capital tenga ferrocarril, tenga autovía y tenga aeropuerto, esto es llevarnos no ya a la casilla de salida, sino tomarnos por el pito de un sereno. Bastante más de un millón de personas pasamos cada año por el apeadero de San Jorge. Un apeadero con bancos de madera, donde se cruzan la zona de taquillas con las zonas de embarque. Donde el millón largo de viajeros deben pasar por una única puerta de acceso al andén de poco más de un metro de anchura. Un apeadero sin parquin. Un apeadero donde coches y taxis deben pelearse en las descargas y cargas de viajeros. Un apeadero sin taxis a la llegada. Una vergüenza, en suma.

 Pero es la vergüenza del servicio ferroviario de Navarra. ¿Noticias sobre el Tren de Alta Velocidad? Ninguna. Eso sí, a los que viajen hacia el sur de Pamplona por carretera o autopista, les invito a que miren a su derecha una vez superada la harinera de Campanas. Ahí verán maquinaria moviendo tierras. Pues ahí va a terminar, para años y años, el “Tren de Alta Velocidad de Navarra”. Ahí, la vía única de ancho Renfe que se va a tender dentro de tres años por la nueva plataforma del TAV desde Castejón, se comunicará con la vía vieja de Renfe hacia Pamplona y hasta el apeadero de San Jorge. Y colorín-colorado. Todo con el beneplácito del Gobierno foral.

Las letrinas de San Jorge como síntoma. La villavesa ferroviaria que nos colocaron a bombo y platillo hace año y medio, con la presidenta, un secretario de Estado y el presidente de Renfe incluidos, debiera haberse suprimido de inmediato pues es inadmisible que, por razones de seguridad, nadie pueda ir desde Pamplona hasta Zaragoza, de pie y agarrado a una barra; o sentado en el suelo y leyendo el móvil. Y ahora, retretes en los andenes. Lo dicho, sin duda los navarros y navarras del siglo XIX tenían, en comparación, muchísimo mejor servicio ferroviario de lo que ahora tenemos en Pamplona y en Navarra en pleno siglo XXI. El tren en Navarra, como el cangrejo.

Álvaro Miranda Simavilla. Ingeniero de Caminos

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