"Se va la luz en España y Portugal, durante horas y al volver la única tesis oficial es que se produjo una oscilación fuerte de potencia de cinco segundos que dio al traste con todo"

thumb

Jose Murugarren

Actualizado el 05/05/2025 a las 22:57

Asomado a la ventana observo una calle ancha y luminosa en su primer tramo y estrecha y oscura como un apagón al fondo. ¿Apagón?, me digo y viene a la cabeza el apocalipsis del lunes 28. Un apagón es una interrupción brusca del suministro eléctrico. Miro a la calle y la zona iluminada la percibo con paz. Y con temor la sombría. Las reacciones humanas vienen condicionadas por simplezas como esta. Encendemos rutinariamente la fluorescente de la cocina pero desconocemos el mecanismo que la activa. Enchufamos la estufa, el secador o abrimos el grifo de la bañera y brota el agua caliente, pero no tenemos ni idea de cómo se ceba la estufa, el secador o surge el agua. Nos basta con el resultado. Si funcionan produce satisfacción. Si se estropean, inquietud. 

Aceptamos con alegría el milagro diario de ver hervir la cafetera, poner en marcha el microondas, la afeitadora y el lavavajillas. Si un día se produce una circunstancia extraordinaria y alguno de los aparatos estalla necesitamos una explicación para restaurar el sosiego. Lo mismo con el apagón. Desalienta que quien tiene que aclarar qué ocurrió se atrinchera y donde debería propiciarse la serenidad se alimenten hipótesis descartadas como el ciberataque. Se va la luz en España y Portugal, durante horas y al volver la única tesis oficial es que se produjo una oscilación fuerte de potencia de cinco segundos que dio al traste con todo.

¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

Aquel día hubo miles que lo pasaron mal. Gente atrapada en los ascensores, mayores extenuados por subir escaleras, operaciones quirúrgicas suspendidas, trenes que dejaron de funcionar, los semáforos se apagaron, los servicios de telefonía e internet se interrumpieron y numerosas actividades quedaron paralizadas. Las víctimas siempre necesitan amparo y los ciudadanos una explicación. Vamos por la vida a ciegas, aceptando el funcionamiento de las cosas como algo mágico que disfrutamos sin comprender. En situaciones límite urgen mensajes que transmitan protección y eso empieza por las palabras. La luz irradia seguridad y calma. Las calles oscuras, inseguridad e inquietud. Asomado a la ventana miro la calle del fondo, tan ancha tan luminosa al principio pero angosta y sombría en su tramo final.

¡Por favor que alguien la ilumine!

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora